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Autor de la Foto: MIGUEL ARENAS
Título/Pie de foto: Natalia declaró en la Corte Suprema, en el proceso de extradición en su contra.
Detalles del testimonio de Natalia Ciuffardi en la Corte Suprema
El país centroamericano está pidiendo su extradición por su presunto vínculo con un caso de fraude al fisco. Ésta es su historia de amor.
Ignacio Molina
«Yo empecé a trabajar en la noche a los 17 años. El 2006 viajé a México y llegué a juntar 10 millones de pesos. Al regresar me puse a trabajar en el Platinum».
«A Mario (Zelaya, acusado de defraudar al gobierno de su país) lo conocí en abril del 2011. Ese día fui a trabajar al Platinum. Mario le comentó al garzón que quería estar conmigo. Pidió unas botellas de champaña y con mi compañera le dijimos que subiéramos al Vip».
«Allí consumimos cuatro botellas de champaña y quedamos de acuerdo de que le íbamos a cobrar 300 mil pesos a cada uno de los hombres más la correspondiente salida, que equivale a 140 mil pesos».
«Fuimos todos a un hotel de Providencia. Mario arrendó la mejor habitación. Una que tiene jacuzzi, bar abierto y 4 habitaciones. Se hizo lo que se tenía que hacer. Al despedirse, Mario me pidió mi número de celular».
«Al otro día me llamó y me pidió que me fuera al hotel donde se estaba alojando. Le dije que para eso tenía que pagarme lo acordado, los 300 mil pesos, y respondió que no tenía problemas. Me contó que estaba casado y que tenía tres hijos. También que era médico y en Chile estaba porque se iba a tratar la rodilla. El otro día, y también el siguiente, nos volvimos a juntar».
«En su último día en Chile me dijo que apenas llegara a Honduras me iba a llamar por teléfono».
Honduras
«Desde el aeropuerto me llamó y me dijo que me echaba de menos. Le conté que me pasó algo muy raro cuando me despedí de él. Me propuso que dejara la noche y que viajara a su país. Le conté que tenía deudas y que no podía. Me dijo que no me preocupara. Que cuánto necesitaba para estar tranquila e ir a Honduras. Le dije que dos millones de pesos. Me mandó la plata y a los dos días partí a Honduras».
«Desde entonces estuve viajando seguido. Cuando iba me quedaba en el InterContinental de Tegucigalpa. Y cuando salía lo hacía en camionetas blindadas y acompañada de dos guardaespaldas. En Tegucigalpa, Mario me iba a ver en la mañana al hotel y luego se iba a su trabajo. En la noche hacía lo mismo, me iba a ver un rato y luego se iba a otro lado».
«A los cuatro meses me dijo que estaba cansado, que me iba a comprar un departamento en la colonia de San Ignacio. Y así fue. Al tiempo me dijo que teníamos que cambiarnos porque alguien del edificio lo conocía. Entonces me compró una casa preciosa».
«Yo me enamoré de él. Quedamos de acuerdo de tener un hijo. Después viajamos a Chile y Mario conoció a mi familia en Puente Alto. Fue en septiembre de 2012. Después de ese viaje me dijo: bebé, tenemos que formar un hogar, para nuestro hijo . Fuimos de paseo al Mall Plaza Tobalaba y en el camino se detuvo frente a una inmobiliaria. Compró dos departamentos que puso a mi nombre. Después me enviaron las escrituras y las firmé. A las semanas le conté que tenía muchas ganas de tener una casa en la playa. Me dijo que eligiera un lugar y la casa que quisiera. Ahí fue cuando me compró la casa en El Tabo».
«Después él volvió a Honduras y las cosas empezaron a cambiar. Él estaba raro y ya no me llamaba tanto. Para el Año Nuevo me dijo que no tenía tiempo y que mejor cancelara mi viaje a Honduras. Discutimos. Y el 4 de febrero del 2013, cuando yo estaba en un supermercado de Tobalaba, me llamó y me dijo que lo perdonara y que lo perdonara. Que algún día yo iba a entender. Que siempre le hablara bien de él a nuestro hijo. Y que lo sentía con todo el corazón, pero que nunca, pero nunca más, íbamos a poder volvernos a ver».
«Sufrí mucho. A las semanas me enteré, por internet, qué Mario estaba prófugo y que lo vinculaban al desfalco del Seguro Social de Honduras».


