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Título/Pie de foto: Poderosas
Beatriz Sánchez
Aguilar, 2014, 174 páginas.
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Título/Pie de foto: José Ingnacio Silva
Ocho chilenas que han logrado destacar en la vida pública son entrevistadas en este comedido libro. Casi todas dicen no encontrase a gusto en el poder, al que nombran de otra forma: «liderazgo».
José Ingnacio Silva
Avances, no el éxito rotundo, ni el objetivo logrado, ni la celebración por todo lo alto. Sólo avances, y bien lentos. Ése parece ser el panorama permanente en lo que se refiere a la inclusión de la mujer y su nivel de participación en la política chilena, o bien cuánto se ha incrementado su peso específico en ella. Ése es el quid desde el cual se plantea Poderosas , libro de la periodista Beatriz Sánchez compuesto por ocho entrevistas a mujeres que han logrado destacar en la vida pública: la presidenta Michelle Bachelet, las senadoras Lily Pérez e Isabel Allende, la diputada Camila Vallejo, la ex presidenta de la FECH Melissa Sepúlveda, la presidenta de la CUT Bárbara Figueroa, Evelyn Matthei, perdedora en las últimas elecciones presidenciales, y Carmen Gloria López, actual directora ejecutiva de TVN.
El compilado sigue un patrón determinado: cómo lidian estas mujeres con sus encumbradas posiciones. A medida que se avanza en estos cuestionarios, asoman aspectos interesantes. El primero de ellos es la pregunta acerca de qué tan poderosas son hoy las incluidas en este libro: Melissa Sepúlveda es consignada erróneamente como «actual presidenta de la FECH», cuando ya fue reemplazada por Valentina Saavedra, mientras que Evelyn Matthei, luego de caer estrepitosamente en la última elección presidencial, hoy dedica su tiempo a la docencia, sin meter mucha bulla.
Pero la mayor relativización del poder que detentaría hoy el género femenino se lee en las respuestas de las propias entrevistadas. A pesar de estar en puestos de relevancia, reconocen que un insoluble machismo arraigado -sobre todo en política- las ha obligado a superar un cúmulo de adversidades y malos ratos para estar donde están, y que, aun así, son golondrinas que no hacen verano. Por ejemplo, la diputada comunista Camila Vallejo sentencia, algo pesimista, que el poder que pueda ejercer una mujer se relaciona directamente con el poder económico. Se puede también colegir que casi todas las encuestadas no se encuentran a gusto en el poder, y que optan por nombrarlo de otra forma, menos enorme: «liderazgo». A grandes rasgos, se desprende que las entrevistadas destacan la posibilidad de influir en mucha gente, pero a la vez lamentan la sobreexposición.
Quien se arranca con colores propios en este volumen es Lily Pérez, senadora de Amplitud. Para empezar, es la única del grupo que no tiene empacho en reconocer que el poder le gusta, le gusta detentarlo y le gusta hacer cosas con él; luego en su entrevista emergió una denuncia fuerte sobre un flanco no explotado, dada la camisa de fuerza temática de Poderosas , esto es cierto antisemitismo presente en la política chilena, del cual Pérez fue víctima, dada su religión judía. Se le puede -y debiera- sacar más punta a ese vergonzoso lápiz.
Poderosas es un libro comedido, apenas arriesgado, con altibajos (como las fofas pláticas con Melissa Sepúlveda y Carmen Gloria López) y, además, con severos problemas de edición. Por ejemplo, la ex ministra y suplementera Mireya Baltra -otra mujer que descolló en la política- es acá llamada Mireya Beltra. Pero la extravagancia editorial más incomprensible es la de consignar en la redacción expresiones válidas sólo en el lenguaje verbal, como escribir «v corta» y «b larga» o «entre comillas» en vez de utilizar los signos respectivos.
Como sea, estamos frente a un ramillete de perfiles de líderes femeninas, vigentes y no tanto, símbolos de un camino en el que queda harto por recorrer.
Poderosas
Beatriz Sánchez
Aguilar, 2014, 174 páginas.


