La historia del conejito de Muhammad Ali a Toño Quinteros

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Título/Pie de foto: «Se acercó más al Toño, conmigo fue más educado, jejejé», recuerda Soledad Bacarreza.


Soledad Bacarreza desempolvó foto con el mítico campeón

Un equipo de Canal 13 se encontró con el ex boxeador en Los Angeles el año 2000. Hubo abrazos, risas y tallas.

Pablo Avilés

Soledad Bacarreza tenía 29 años; Toño Quinteros, 36. Juntos viajaban como parte del equipo de Canal 13 que iba a cubrir los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. La primera parada fue en Los Angeles, Estados Unidos, para luego seguir rumbo a Australia. Fue en ese momento cuando en pleno terminal aéreo, la rubia ex atleta se separó un instante del grupo.

«Ya llevábamos como catorce horas de viaje y fui yo quien vio a Mohammed Ali ahí en el aeropuerto. Después fui corriendo a buscar a mis compañeros. Él podía caminar en ese minuto, estaba bastante más joven (58 años) y menos deteriorado por el Parkinson. Muy alto, igual como se ve en la foto. No hablaba ya por el tema de la enfermedad, pero sí se veía muy lúcido», recuerda Bacarreza.

-¿Cómo fue ese momento?

-Eran mis primeros Juegos Olímpicos y mira con quién me encuentro en la primera escala, una maravilla. Él, muy simpático, de muy buen humor.

-Se le ve juguetón con Toño Quinteros.

-Sí, de hecho, le está haciendo un conejito al Toño. Yo lo vi, el Toño ni se da cuenta porque estaba de espalda. Se acercó más a él, conmigo fue más educado, jejejé.

-¿Andaba solo él?

-No, pero me sorprendió la poca protección. Andaba con un solo ayudante que lo asistía para caminar. Entregaba postales de él autografiadas. Me dio una y yo sé que la tengo, pero tengo que buscarla, porque me he cambiado cuatro veces de casa desde ese tiempo.

El otro gran protagonista de esta historia, Toño Quinteros, recuerda así el encuentro. «Él me hace con la mano izquierda en la guata como si estuviera boxeando, como que quiere abrazarme. Era como un hueveo, estaba jugando. Para él era un momento grato, divertido».

-Echaron la talla, entonces.

-Claro, porque el gallo es súper buena onda. Le tiritaba el brazo derecho, me acuerdo perfectamente. Un tipo enorme, se le acercaba mucha gente, pero con nosotros fue particularmente deferente.

¿Cómo fue que la foto en cuestión volvió a ver la luz? Uno de los hijos de Toño Quinteros la encontró en una caja y le avisó a su padre. «Ahí se la mandé a la Sole y ella la subió, porque soy medio pudoroso con estas cosas. Eso sí, es una de las fotos que recuerdo con más cariño», cuenta el periodista.

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