FOTOS DE REFERENCIA (Cargar Manualmente):
FOTO 1
Ruta: /2015/02/27/20150227164638304.jpg
Autor de la Foto: GETTY IMAGES
Hablar demasiado puede jugarte en contra
En el juego del amor, dejar en duda tu opinión te puede dejar como sumisa o misteriosa. ¿Las minas ideales de los hombres siguen siendo aquellas que no les discuten nada?
Romina Reyes
Dicen que las calladitas son las peores, como si detrás de todo el silencio se escondieran bestias quejonas. Y al mismo tiempo, las que son buenas para quejarse dicen que a las calladitas les va mucho mejor cuando se trata de conquistar al sujeto. ¿Es cierto que los hombres sueñan con una mujer que les diga que sí a todo? ¿O será que las mujeres buscan voluntariamente el sometimiento?
Hace pocos meses, Margarita Hantke defendía su personaje de mujer con opinión en un mercado del amor donde la mujer que está dispuesta a discutir no siempre es la con más rating. Pero a medida que decrece la edad, parece que el estereotipo va en retirada. Será que las redes sociales enseñaron a tener opinión de todo. O será que Chile cambió, pero los mitos y prejuicios sobre el cómo debe comportarse una señorita frente a un varón se redefinen. ¿A qué quieres jugar tú? Evalúa si te conviene decirlo todo o guardar un poco para el misterio cuando se trata de coquetear.
Ser dócil
¿Es una mujer calladita el símil de una mujer sin opinión? «De más que a un hombre machista le sirve más la mina que no se queja, ya sea en términos laborales o del amor», dice Leonardo Quezada (26), diseñador. Pero el que una mujer callada sea dócil es un estereotipo, «del mismo tipo que decir que las rubias son tontas o que las gordas son simpáticas», agrega. Es fácil imaginar a una mujer callada como la fiel dueña de casa que espera al marido, algo así como la abuelita Eliana de «MasterChef». Entonces, la mujer tímida, silenciosa, sumisa y «femenina», sería el ideal en lugares donde la opinión de la mujer no importa. La pregunta es: ¿te gustan a ti los hombres que no te quieren escuchar?
La fantasía de la vecina
Existe culturalmente el atavismo de «la vecina de al lado», esa fantasía infantil de la mujer buena onda y soñada de la que todos están enamorados. «La calladita es como la versión reprimida de esa vecina. Hay hombres a quienes les interesa estar con una mina que no los contradiga, que no se burle de él, que no lo deje en ridículo frente a los amigos», opina Juan Manuel Silva, 32, editor literario. Pero si eres la vecina que resulta ser así de silenciosa y en la relación suena más la tele que tú, quizá deberías ponerle ojo a la timidez a menos que de verdad seas el sueño hecho realidad del hombre machista.
El hombre no escucha
«Ser callada es un atributo relacional», opina Cristina Saavedra, 27, actriz. «Porque si eres así, es porque te quedas callada ante alguien», dice. Aparece entonces otra definición estándar: el del hombre malo para escuchar. «Está el patrón del hombre dominante que quiere a una mina callada, pero no creo que sea una generalidad. Además, se puede dar igual pero del otro lado: una mina que hable mucho emparejada con alguien a quien le resulte atractivo escuchar». Al final, ser callada no necesariamente es no tener nada que decir. También puede significar ser una persona buena para escuchar, como una psicóloga a domicilio.
Factor Disney
La calladita es también la que cae bien, la que no hace problemas en el grupo. Si hay una discusión, no se mete, sólo se ríe si hay que reír o niega si hay que negar. Eso está basado en la idea de que las mujeres sólo piensan en relaciones amorosas y hablan de eso con sus amigas. Y que no les importa ninguna otra cosa que suceda en el mundo. Incluso las princesas Disney, que tienen muchos problemas, como caer en sueños eternos (Aurora) o ser rehenes de bestias (Bella), lo resuelven todo por medio del amor. Pero Disney mismo está reformulando esta idea con princesas autosuficientes. El mejor ejemplo son las hermanas protagonistas de la película «Frozen» (2013), Anna y Elsa, cuya relación familiar define la trama antes que sus romances con los candidatos a príncipe, ambos bastante torpes.
La mina para casarse
Otra caracterización de las minas silenciosas vendría de la idea de antaño de que hay mujeres para casarse y mujeres para pasar el rato. Las primeras serían las menos cancheras, las que no son coquetas o las que no van «al choque»; son las que terminarían teniendo las relaciones más largas y estables. Las demás serían las minas a quienes después de una noche no las vuelven a llamar. Sin embargo, parece ser un prejuicioq que se repliega. «Veo en mi círculo un aumento de las mujeres que quieren discutir y que además son empoderadas de su sexualidad; entonces, creo que las calladitas van en retirada», opina Christopher Holloway, 26, periodista. «Debe ser como parte de la seducción, es más aburrido una mina que no sea un desafío. Pienso en un dinosaurio: si le dejan la cabra ahí, no se la quiere comer. La quiere cazar», agrega. Entonces, a medida que haya más mujeres no dispuestas a dar su opinión, tendrán que haber más hombres dispuestos a escuchar, y se derribará el verdadero muro: el de los hombres que quieran relaciones paternales antes que relaciones de pareja.
«Se puede dar igual pero del otro lado: una mina que hable mucho emparejada con alguien a quien le resulte atractivo escuchar», opina Cristina Saavedra.


