FOTOS DE REFERENCIA (Cargar Manualmente):
FOTO 1
Ruta: /2015/02/21/Sociedad@1_GKQ2K0JE5_1_SOC_columna_peralta_2102_IMG.jpg
Título/Pie de foto: Gonzalo Peralta
Prieto, mandatario fome y sin gracia, suprimió por ley el carnaval de febrero.
Gonzalo Peralta
Febrero de 1817 y el Ejército Libertador es recibido en triunfo por la población de Santiago tras la victoria de Chacabuco. El motivo del jolgorio es doble: la expulsión del odioso régimen español de la capital y el fin de las restricciones impuestas por la corona al carnaval de febrero. Esa noche se celebra con grandes fiestas callejeras, acompasadas por una batería de cañones que disparan metralla para exaltar los brindis por la patria que renace en juerga.
Justo un año después se proclama la Independencia de Chile, elevando al 12 de febrero como día nacional. A éste se suman el 18 de septiembre y luego el 5 de abril, aniversario de la Batalla de Maipú. De este modo y por 20 años Chile se solaza con tres fiestas patrias. Emblema de esta combinación de política y pachanga fue don Diego Portales. Padre del orden conservador chileno, organizaba descomunales fiestas en su propiedad de Placilla. Ahí, con la música de la banda de guerra de la guarnición de Valparaíso dispuesta especialmente para amenizar el convite, el dicharachero Portales salía al patio de la casona y lanzaba, al atardecer, como un primitivo WhatsApp, un disparo de bengala que advertía a las chiquillas que en casa del ministro había chacota. Tras el asesinato del ministro que nunca quiso aceptar la presidencia «porque no la cambiaba por una buena zamacueca» el presidente Prieto, mandatario fome y sin gracia, decretó que el día nacional de Chile sería solo uno, el 18 de septiembre, suprimiendo por ley el carnaval de febrero.


