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Autor de la Foto: CEDIDA
Título/Pie de foto: Antes y después de José Gutiérrez. Los asados habían desordenado su vida, reconoce.
José Gutiérrez cuenta su odisea deportiva
Llegó a pesar 113 kilos gracias a los asados, pero un problema a la columna lo obligó a recapacitar. «Tuve que buscar una solución y ésa fue el ciclismo», reconoce.
Carolina Silva
José Gutiérrez jugó fútbol durante años. Era arquero, ascendió a la categoría de honor con Cobresal en 2001 y luego pasó por Linares, Ñublense y Curicó Unido, en Tercera División. Pero en 2004, por un tema económico, optó por colgar los botines. «Tenía 24 años y pesaba 80 kilos en esa época», recuerda.
Decidió entonces abrir una distribuidora de gas licuado (Guttigas) en Curicó, formó una familia (hoy tiene dos hijos), pero tiempo después su vida se desordenó. «Carreteaba toda la semana después de la pega. Me la llevaba a puro asado y copete, hasta que mi cuerpo colapsó», asegura.
Llegó a pesar 113 kilos y, a mediados de 2012, todo se complicó. «Una vez recibí un golpe en la cadera en un partido que me desplazó dos vértebras: la L4 y la L5. Cuando empecé a subir de peso, me comenzaron a dar crisis. De repente hacía mal una fuerza, se me contracturaba la espalda y quedaba con todo el cuerpo chueco por una semana. Una doctora me dijo que tenía que bajar de peso sí o sí», recuerda el ex portero.
José ingresó a un gimnasio a hacer spinning y la vida le dio un vuelco. «El profe de spinning se fue y empecé yo a hacer las clases. Un día un alumno me preguntó si salía a la ruta. Yo no tenía idea lo que era eso, pero le mentí y le dije que sí. Después supe, ese mismo día me compré una mountainbike y anduve 20 kilómetros».
Desde ahí no se bajó más de su bicicleta y, en 2013, comenzó a competir en ruta. Bajó otros 20 kilos en seis meses y hoy pesa lo mismo que cuando era futbolista. «Tuve que buscar una solución y ésa fue el ciclismo», dice el corredor, quien ganó la ascensión a las Termas de Chillán, de 92 kilómetros. «Siempre tuve buena resistencia, los test de Cooper los ganaba en todos los clubes donde jugué», asegura.
El hombre, de 34 años, está feliz con su nuevo deporte, entrenando cinco días a la semana un mínimo dos horas por jornada. «El futbolista es un 80 por ciento más desordenado que el ciclista. Y si me preguntan hoy qué prefiero para mis hijos entre el fútbol y el ciclismo, digo lejos y a ojos cerrados que el ciclismo», concluye.


