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Título/Pie de foto: Alto Biobío es una de las locaciones elegidas por Parada.
Parte del paciente trabajo de Lincoyán Parada se exhibe en Valdivia
El autor se concentra en las rutinas y la cotidianeidad de los indígenas sureños.
Fabián Llanca
Más de veinte años lleva desarrollándose el proyecto El mapuche con buenos ojos , del fotógrafo Lincoyán Parada, quien propone una nueva mirada sobre el pueblo originario que se concentra en las regiones del sur, entre el Biobío y Chiloé. Una parte de esos registros serán exhibidos desde el próximo lunes en la sala Espacio Sur de Valdivia (General Lagos 1234).
«Este trabajo comenzó en 1993 con una beca de la Fundación Andes. El segimiento y difusión fue cubierto por fondos del Consejo de la Cultura. Esta exposición es un complemento, porque se trata de un material hecho para ser difundido», explica el autor.
-¿El título implica que al mapuche sólo se le ve con malos ojos?
-Cuando uno ve a una niña con buenos ojos es mirarla con buenas intenciones, con seriedad y respeto: de ahí el concepto. Esto es una iconografía actualizada del pueblo mapuche, registrando la cotidianeidad in situ. Mi estrategia no ha sido sentirme una visita, sino que viajaba y me quedaba con cada familia unos quince días y reconozco que me ayudó mucho llamarme Lincoyán.
-Explíqueme la estrategia que siguió.
-Cuando llegaba a los lugares me comunicaba con la autoridad principal, el cacique, para explicarle qué necesitaba. Todos los caciques de Alto Biobío y del Butahuillimapu entendieron y me ayudaron.
Lincoyán Parada argumenta que eligió su radio de acción asumiendo que «el mapuche de Temuco ya es muy conocido, con las cintas de colores y todo eso que es muy visto. Yo quería mostrar el mapuche real, no al que sale a bailar a las plazas para que lo vean los turistas.
-¿Con qué rutinas se encontró en este recorrido?
-Vi qué hacen, cómo trabajan y cómo se relacionan las familias con su entorno y con el sistema económico, vinculado al lugar donde viven. En Alto Biobío, por ejemplo, priman los piñones y el ganado caprino, y en menor escala el bovino.
-Respecto del trabajo de campo, ¿son registros espontáneos o posados?
-Es una mezcla.Yo suelo ordenar a los grupos de alguna manera, aunque en unas imágenes aparecen un perro o caballos con sus jinetes. No quería influir en el entorno ni manipular la rutina, sino que adaptarme y registrar sin involucrarme.
El autor recuerda que en los años treinta y cuarenta «la iconografía que existía se basaba en lo que hacían señores que llegaban con maletas llenas de platería y ropa mapuche, y al primer paisano lo vestían y lo fotografiaban para mostrar al indígena chileno. Esa imagen está caduca».
-¿Vio mucha pobreza?
-Estuve con personas trabajadoras que no tenían problemas con sus tierras y que las cultivaban y trabajaban con buenos resultados. Hay razones que van más allá del mundo mapuche y que hacen poco clara la situación que afecta a algunos sectores.
Compadres mineros
La estrategia que Lincoyán Parada ha usado en «El mapuche con buenos ojos» incluye una itinerancia a nivel nacional y un montaje en Seúl, la capital coreana. El fotógrafo tiene otros proyectos de similares características. En «Los compadres del carbón», el autor se sumergió en la vida de los mineros de Lota y Coronel cuando aún había actividades extractivas. En «La Victoria de todos», puso el foco sobre la emblemática población del sur capitalino.


