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Título/Pie de foto: Teresa Marinovic
El poder del encanto no es infinito, de modo que hay que saber utilizarlo de la forma, en el momento y en la medida adecuados
Teresa Marinovic
No cabe duda: en mayor o menor medida, las mujeres tenemos la capacidad de encantar; es decir, de «atraer o ganar la voluntad de alguien por dones naturales como la hermosura, la gracia, la simpatía o el talento». Probablemente se trata de una capacidad que desarrollamos evolutivamente por razones de necesidad; mal que mal, el sexo débil dependía del hombre para conseguir alimento y dependía también de su protección para sobrevivir y ejercer en plenitud su maternidad.
Por eso me parece injusto cuestionar la moralidad de la manipulación; a fin de cuentas, se trata simplemente de un instrumento inocente que las mujeres utilizamos desde la más tierna infancia para resistir a la preeminencia del más fuerte.
El hecho es que todo tiene su límite y que el poder del encanto no es infinito, de modo que hay que saber utilizarlo de la forma, en el momento y en la medida adecuados. ¿Qué significa esto en términos prácticos? Que es muy importante ser sutil… lo suficiente como para que el arma no sea advertida por el enemigo y no le dé espacio, por tanto, para protegerse de su efecto letal.
Y ese, precisamente ese, ha sido el principal error de Bachelet en estos días: suponer que podía hacer alusión a su «dolor de madre», a propósito de una situación que la involucra directamente, no porque ella estuviera al tanto de los negocios de Caval, sino simplemente porque el nombramiento de su hijo, Sebastián Dávalos, es de su propia y exclusiva responsabilidad. Y, aunque sus sentimientos personales sean legítimos, no están por sobre su deber de rendir cuentas o, al menos, de pedir disculpas por un nombramiento que, a lo menos, fue imprudente, considerando la negociación incompatible en que su hijo estuvo involucrado.
No cabe duda: las mujeres tenemos la capacidad de encantar. Bachelet en grado sumo. Pero esa capacidad tiene un límite y en esta oportunidad, ella lo rebasó.


