Caigo parada, dice sobre su suerte al encontrar un espacio en Bellas Artes
La escritora y figura de Tiktok vivió durante 13 años en Australia. Hoy siente que tiene un hogar y se atrevió a comprar por primera vez un sofá.
Romina Pistolas quería vivir en el barrio Bellas Artes. No era un capricho: cuando venía a Santiago siempre se quedaba en esa zona, donde además había vivido su abuela durante años, primero de joven y después ya mayor, sola, en McIver con Esmeralda. Dice que toda la vida ha sentido una conexión con ese sector.
En diciembre, una amiga de Instagram, Camila Monsalve, cuyo departamento y vista ella admiraba hace tiempo, subió a stories que lo iba a dejar. Romina Pistolas, que en realidad se llama Romina Gómez, se movió de inmediato y habló con Camila. Camila fue a ver al dueño, que vive al frente, y le dijo que tenía una interesada. Él aceptó rápido. Hubo contrato, pero no le pidieron liquidaciones de sueldo ni cartolas previsionales. Quedó instalada en un estudio de 50 metros cuadrados («pequeño, para una persona delgada», dice) en el emblemático edificio Barco, frente al cerro Santa Lucía. Paga $500.000 más gastos comunes.
«Caigo parada», resume.
El dueño, de hecho, fue el primero al que le regaló su nuevo libro, «Mi año de relajación y sexo», que lanzó esta semana.
Volvió después de 13 años en Australia, adonde llegó con una Visa Working Holiday y trabajó como stripper mientras armaba la vida que después volcó en «Carmen», libro éxito en ventas que la estableció como potente personaje local. Su cuenta de Tiktok acumula más de 200.000 seguidores atraídos por su estilo abierto de hablar de sus emociones.
Allá no compraba nada, se movía con apenas lo necesario.
«Por primera vez me estoy permitiendo comprar cosas, porque pienso que Chile va a ser el lugar donde me voy a establecer», señala.
¿Fue duro volver?
«Pensé que me iba a costar más. Acabo de comprar mi primera licuadora y mi primera freidora de aire. Hace muy poco me compré mi primer sillón en la vida. Estoy recién bajando las revoluciones de lo que fue llegar».
¿Cómo consiguió un contrato de arriendo sin trayectoria laboral en Chile?
«Fue pura suerte. Mi amiga habló con el dueño y él le dijo: Ya, si es tu amiga, bien. Nos llevamos súper con él. Toda la vida me han llamado Glad Consuerte -personaje de Disney conocido por su buena fortuna-. No tengo mayores ambiciones y creo que por eso las cosas me resultan».
¿En qué mood anda?
«En mi mente, ya me jubilé. Siento que ya trabajé. Ahora quiero dedicarme a la literatura, que es muy difícil en cualquier país, más en Chile. Pero me han salido trabajos con marcas, las regalías del primer libro fueron súper buenas y además tenía ahorros de Australia. Por ahora estoy contenta con esta vida de jubilada. Voy a ver hasta cuándo me dura».
¿Qué es lo que más le ha chocado de vivir en Santiago?
«Lo caro que es. Incluso más que Australia en algunos casos. El transporte público, el Uber, el supermercado, la carne, la leche. Comer afuera: no hay cómo. Lo único que no es más costoso que en Australia es el arriendo».
¿Cómo se imagina la vida de acá en adelante?
«Quiero tener una base, poder viajar, seguir haciendo las cosas que tengo que hacer. No estoy enfocada en tener grandes riquezas ni grandes éxitos, solamente quiero vivir tranquila y estar bien. Mientras tenga una cama cómoda y pueda tomar una cerveza con mi amiga a las cinco de la tarde, estoy bien».
¿Por qué fue importante comprarse el sofá?
«En mi nuevo libro escribí que nunca me había comprado un sillón cómodo para leer porque no había tenido un lugar permanente o algo que yo haya considerado un hogar. Para mí establecerme en Santiago es como una posibilidad real de vida para siempre. Entonces, el sillón es como simbólico de este paso».
¿Tiene ganas de comprar algo acá eventualmente?
«Sí. No sé qué va a pasar con la economía. Me acabo de hacer un tratamiento facial y me dijeron que van a subir todos los precios. Yo estaba usando Uber, pero ahora voy a empezar a tomar la micro. Tengo ganas de tener un lugar propio. Capaz que el momento sea este, más que después».


