Algunos dirán que se rechazó la Constitución de Kast. Otros dirán que se reafirmó la Constitución de Pinochet. Pero la única verdad irrebatible es que las personas rechazaron el debate constitucional. Están cansados.
Si hay alguna lección que se pueda sacar de los últimos cuatro años es que la Constitución no era el problema. No tenía ni un problema de legitimidad de origen ni un problema ideológico. Al menos no lo tenía problemas suficientemente grandes como para cambiarlos por completo. Si hubiese tenido un problema, las personas hubiesen aprobado cualquiera cosa a cualquier costo. Pero no lo hicieron. Prefirieron quedarse con la que tenían.
Es la vuelta larga para quedar donde mismo. Pero no es una vuelta gratuita. Es una vuelta que viene con costos que se estarán pagando por años. La economía está estancada, la inflación no baja, la delincuencia está fuera de control, hay pocas oportunidades de empleo, los estudiantes están retrocediendo, en su aprendizaje, el sistema de salud está cerca del colapso, y las pensiones siguen siendo bajas. No hay como sacar cuentas alegres.


