Es oficial: la animadora de Fiebre de baile no tiene techo.
Vamos con la tercera entrega de esta nueva dinámica, que consiste en que cada inicio de mes la presente columna reconoce a la figura televisiva que más ha descollado en los 31, 30, 29 o 28 días anteriores.
Esta vez el premio recae en alguien que ya venía con un vuelo impresionante, que la hizo merecedora, a fines del 2025, de nada menos que un Larry Moe Award (para los que aún no ubican este galardón, es lo más parecido que tenemos por estos lados a los Oscar de los actores y los Grammy de los músicos. Modestamente).
Esta segunda temporada de ‘Fiebre de baile' (segunda del último tiempo, porque entre el 2009 y el 2012 esta competencia fue programada siete veces, por el mismo Chilevisión) la menor de las Bolocco se ha mostrado más pícara que de costumbre. Esos ‘¡Un beso donde caiga!' no se lo escuchamos nunca antes. Ni menos los tan chilenos ‘¡Como anoche!'. Enhorabuena porque a ella en particular no la hacen perder ni una pizca de glamour. Y barbarismos lingüísticos como ‘¡Qué lookazo sacaste!' la hacen más cercana todavía a nosotros los jóvenes.
La veo más entusiasmada incluso que el año pasado en su rol de animadora del estelar más exitoso de CHV. La noto iluminada, radiante y entera, acompañada, impulsada y poseída sin asomo de duda por el espíritu luchador de su querida madre, Rose Marie.
No se limita a presentar a los bailarines o a darles el pase a los jurados. ¡Qué va! Consciente de que de su interacción con unos y otros pende absolutamente el ritmo del programa, cada vez que dialoga con ellos impregna con su incombustible encanto y sorprendente calle a esta propuesta televisiva.
Con respecto al ciclo anterior, se ha vuelto más protagonista, pero sin importunar; más gravitante, pero sin opacar a nadie; más rutilante, pero sin dejar de ser parte de un engranaje que sigue funcionando como reloj suizo.
Por último, tiene un manejo del equilibrio pocas veces visto en nuestra pantalla chica.
Me explico. Como que está a punto que le pasen cosas con los movimientos pélvicos y contoneos de los Power Peralta, pero no cruza la línea.
Como que en cualquier momento va a dar pie para que la compuesta maestra Edymar Acevedo se suelte las trenzas, pero la sangre del jugueteo no llega al río de los hechos.
Como que está punto de llamar a Vasco Moulian a ser más objetivo con sus notas (o por lo menos a fundamentarlas), pero lo deja ser, sabedora de que se trata de otro pilar del chiche de la parrilla de CHV, de otra estrella. Como ella, pero disfrazada de jurado.


