Así surgió SimPax, el simulador que diseñó junto a un alumno memorista de pregrado. Lo validaron en la estación Alcántara, de la Línea 1 de Metro antes de lanzarse a otras más complejas. «Es una estación que no tiene demasiado movimiento y la geometría de la mesanina es simple», aclara el académico.
Los datos los recopilaron en terreno, realizando un conteo de pasajeros, principalmente en las horas punta y prepunta: cronómetro en mano tomaron el tiempo que demoraban los usuarios en ingresar, cargar la Bip! y cruzar los torniquetes.
Los resultados permitieron levantar simulaciones en movimiento y mapas de calor. El que acompaña esta nota muestra el comportamiento de pasajeros que caminan a velocidad lenta -un metro por segundo, por ejemplo adultos mayores-, junto con otros que se desplazan al doble de esa velocidad. El cuadrado central en la imagen son las boleterías, a ambos costados están los accesos a la estación y en el extremo superior se encuentran los torniquetes.
«Si te fijas, cuando los pasajeros andan más rápido la cantidad de color rojo, que es la aglomeración, aumenta en los torniquetes. Intuitivamente uno podría pensar que va a pasar lo contrario, que si la gente va a mayor velocidad va a pasar más rápido. Eso se llama comportamiento emergente, cosas que descubres a través de la simulación y que rompen tu paradigma», plantea el profesor Fernández.
Por el contrario, los pasajeros más lentos tienden a producir cuellos de botella en los pasillos de acceso.
Otro de los descubrimientos es que con código QR el tiempo de traspaso del torniquete es mayor que con una tarjeta normal.
El próximo paso, dice el académico, es que Metro permita obtener datos en los andenes. Con esa información espera simular, entre otras cosas, la posibilidad de definir puertas de entrada y salida en los vagones, para evitar los choques entre pasajeros.
En su opinión, en el país faltan especialistas en transporte. «La carrera no existe como tal, es una mención. Por ejemplo, en la Universidad de Chile es una de las tres menciones de Ingeniería Civil en Obras Civiles. En el caso de la Universidad de los Andes había un conjunto de tres cursos que podía tomarse para que los alumnos tuvieran una subpecialización. En la Universidad Católica tienen un Departamento de Transporte y en la Universidad de Concepción también está ligado a Ingeniería Civil», comenta.