Conductora de La tarde es nuestra de Canal 13 fue estafada por un taxista
A el conductor de un taxi le cobró $85.000 por un viaje de diez minutos.
Chantal Aguilar, conductora del programa «La tarde es nuestra», de Canal 13, fue estafada por un taxista en Providencia. Cuenta la periodista que el 27 de marzo pasado salió del Cenco Costanera con la vista nueva, con el mundo enfocado en un nuevo par de lentes de contacto que esa mañana había ido con entusiasmo a retirar. Pero ese gusto se acabó unos minutos pasado el mediodía, cuando bajó de un taxi y se dio cuenta de que el conductor le había cobrado $85.000 por un viaje entre el centro comercial y la calle Inés Matte Urrejola, donde está el canal. Un recorrido no lineal de 3,3 km de extensión que un auto promedio cubre en diez minutos. Carabineros confirma que hay ocho denuncias por situaciones similares en la comuna.
¿Habitualmente toma taxi?
«Nunca tomo taxi en la calle. Pero sé que en ese barrio es súper difícil que tomen las aplicaciones de transporte porque no pueden parar en cualquier parte. Así que miré, no venía nadie, de pronto pasó un taxi, me hizo una seña, yo le hice un gesto y me subí».
Todo bien hasta allí.
«Él era muy amable. Me reconoció y estaba contento de llevarme. Apenas me subí dijo acepto solo pago con tarjeta.
De todos modos yo le conté que andaba con efectivo».
¿Qué le respondió?
«Me dijo: No, mijita, es que usted no sabe, y empezó a contarme una historia en la que él era la víctima. Según él, hace como dos meses se subió un pasajero muy bien vestido. Cuando se estaba bajando le puso un cuchillo en la guata y lo obligó a entregar todo. Me decía: Allí prometí que nunca más iba a aceptar un pago en efectivo. Yo le encontré razón».
¿Cuándo ocurrió la estafa?
«Íbamos por la calle Los Piñones cuando me dijo: Oiga, ¿le molesta si doblo acá a la derecha? Así me voy directo. En el fondo, me pedía si podía dejarme a unos pasos del canal, pero no exactamente en el frontis. Yo le respondí que no había problema, no era la gran diferencia. Él sacó la maquina para que yo pagara; vi cuando escribió el monto, puse mi tarjeta, la clave y pagué. Nos despedimos y se fue. Eran $4.450. Pagué con débito, con tarjeta física».
Pero le cobraron más.
«Cuando empecé a caminar, me apareció una notificación en el celular. Abrí el correo y vi que tenía un cargo por $85.000. Esto fue al instante. Me bajé y, en menos de un minuto, tenía el cobro por otro monto. No sé si cambió la máquina sin que me diera cuenta, si es que digitó en algún momento un monto distinto o si clonó la tarjeta».
¿Por qué cree que el taxista no quiso dejarla en el frontis?
«Por las cámaras de seguridad. Él nunca pasó por el frontis del canal, lo esquivó. Lo que él no sabía es que hay cámaras que apuntan hacia todos lados. Se ve él y la patente de su taxi».
¿Sabe quién es?
«Sí. Busqué su nombre. Es alguien que se dedica a esto y eso me da mucha rabia. No le importa. Debe estar clonando como loco tarjetas o engañando a las personas. Trató de ganarse mi confianza y que yo empatizara con él; tiene un relato armado. Es tanta su desfachatez que no le importó engañar a alguien que, probablemente, iba a conseguir las cámaras de seguridad e iba a llegar a él».


