Camilo Moya sufrió encerrona y le quitaron su Mercedes Benz en Puente Alto
El futbolista de OHiggins viajó a Santiago para llevar a su perro a un control veterinario y fue encañonado en un disco Pare. Su esposa Constanza y su hija Fiorella, nacida hace una semana, justo no lo acompañaron en el viaje.
Camilo Moya viajó este martes de Rancagua a Santiago para llevar urgente a su perro a una cirugía, pasó a la casa de suegra en Puente Alto y a unas pocas cuadras, cuando emprendía el regreso a la región de O'Higgins en su Mercedes Benz A250, fue interceptado en un disco Pare por otro auto. Eran tres delincuentes encapuchados, cada uno con pistola en una mano. El primero asomó por la puerta del copiloto, otro se paró de frente al parabrisas y el tercero lo sacó del vehículo.
El jugador de O'Higgins entregó el auto y todas sus pertenencias. ‘Estoy algo más tranquilo ahora, esto fue como a las nueve de la noche o por ahí. Llevé a mi perrito a la clínica y lo dejé donde mi suegra porque al otro día lo operaban. Volvía a Rancagua y a unas dos cuadras me hicieron la encerrona. Iba manejando, había un Pare y aparecieron. Todos estaban con pistola y capucha. Nunca les vi la cara. Yo me bajé y les pasé todo lo que tenía: las llaves del auto, el celular, la billetera y documentos del auto que aparecieron tirados a unas pocas cuadras', relata.
Moya quedó solo en medio de la calle ante la incredulidad de los restantes conductores. ‘Cuando vi que trataban de acelerar corrí un poco y ahí me apuntaron otra vez. Había más gente y vi que también apuntaron al resto. Me escondí atrás de otro auto. Una señora me subió al suyo, me preguntó si sabía algún contacto de memoria o vivía cerca y le pedí que me llevara a la casa de mi suegra otra vez. Después atiné a hacer la denuncia. Lo último que supe fue que lo vieron este miércoles por Bajos de Mena. Es un Mercedes Benz gris, con las llantas negras y no tiene la tapa para ponerle gasolina', agrega.
El jugador formado en la U jamás se había visto involucrado en un hecho de violencia. Su auto no tiene GPS y tampoco cuenta con seguro porque estaba en proceso de cambiarlo. Solo espera que las investigaciones traigan novedades y pueda recuperarlo. Un amigo lo fue a buscar a Santiago y lo llevó de regreso a su hogar en Rancagua, donde están su pareja, Constanza, y Fiorella, su hija de solo siete días. Momentáneamente le prestaron otro vehículo para moverse a los entrenamientos en un trayecto que solo dura quince minutos.
‘No saber nada, no tener noticias, hace que me vuelva la angustia. No es pena, es rabia, porque eran puros menores de edad por la apariencia física que tenían. Mi hija nació en Santiago, tenemos que ir a sus controles y queda el trauma de que nos pase otra vez. Fui papá hace una semana y vino este mal momento', cuenta.
‘Aún tengo esa imagen de cuando se bajan y me están apuntando. Mi suegra se quedó con mi perrito, ella lo ha llevado a los controles y yo sigo en Rancagua con mi familia. Hace solo una semana fui padre, por eso no atiné a nada, no quería sufrir algo grave. Salgo a entrenar y retorno de inmediato a mi hogar. Tuve suerte porque a otra gente, pese a que no hace nada, les hacen daño igual. Los entrenamientos a uno lo distraen, pero luego los pensamientos y los nervios vuelven', sostiene Camilo Moya.


