Copropietarios reescribieron el reglamento y pusieron normas a los ocupantes para mantener el orden
Organizaron los estacionamientos a través de un grupo de WhatsApp y se exige a todos quienes entren a la comunidad a registrar sus datos, cuenta el tesorero del comité.
El arquitecto Johnny Aspee, de 42 años, adquirió dos departamentos tipo studio en el mismo edificio en Santiago Centro para inversión. Eligió un inmueble que se emplaza a pasos del Parque Bustamante, con acceso cercano a las estaciones Parque Bustamante de la Línea 5 y Universidad Católica de la Línea 1. En su entorno se concentran hospitales, clínicas, universidades, además de comercio y servicios que refuerzan su atractivo residencial. El proyecto suma una serie de espacios comunes orientados a la vida en comunidad, como un gimnasio, quincho, salón gourmet y un bicicletero.
Aspee orientó su inversión al modelo de arriendo de corta estadía mediante plataformas como Airbnb, lo que lo llevó a establecer desde temprano una relación fluida con la administración del edificio.
«Me interesaba que el edificio ofreciera buenas amenidades y que la operación cotidiana funcionara bien, en especial el servicio de conserjería», señala.
En esa misma línea, agrega que también puso atención a la mantención general de los espacios comunes.
«Cuidar detalles como la iluminación de pasillos o la limpieza permanente parece básico, pero en la práctica marca una gran diferencia en edificios de alta rotación», explica.
Esa coordinación inicial derivó en un vínculo más estrecho con la administración de la comunidad, en ese entonces aún en manos de la inmobiliaria (en este caso, Norte Verde).
«Se generó una relación de confianza. Como aún no estaba constituido el 50% de los propietarios, se realizó la primera reunión y allí se conformó el comité de administración. La administradora me propuso asumir la presidencia del comité, pero preferí participar como tesorero», comenta.
Hoy cerca del 80% de los departamentos se destina a renta corta, mientras que el resto lo ocupan arrendatarios de largo plazo o propietarios.
«El presidente del comité vivía inicialmente en el edificio, pero luego se trasladó a una cuadra cuando comprobó el potencial del arriendo de corta estadía. Incorporó su propio departamento a ese sistema», señala.
Cambios en el reglamento
Como la mayoría de quienes compraron en el edificio son inversionistas, los propietarios acordaron modificar el reglamento de copropiedad para adecuarlo a las dinámicas de uso de plataformas como Airbnb y Booking.
«Avanzamos en regular de mejor forma la renta corta, porque no estaba bien definida en el reglamento original. La idea fue dejar en condiciones similares los arriendos de renta corta y de largo plazo», explica.
Antes, había restricciones para los usuarios esporádicos de espacios comunes, especialmente en el uso de quinchos y la sala de eventos. Según indica, la decisión apuntó a equiparar las condiciones de acceso para todos.
¿Cómo ha funcionado?
«Súper bien. Hoy, si un huésped de Airbnb quisiera ocupar el quincho para un evento y quisiera invitar gente, tiene la misma oportunidad que una persona de renta tradicional, siempre pagando lo establecido».
¿Pueden llevar visitas, considerando que son unidades pequeñas?
«Si un huésped de renta corta quiere recibir visitas, debe informar previamente los datos de esas personas. Además, la reunión no puede realizarse dentro del departamento, sino en espacios comunes como la sala de eventos o el quincho. Con eso evitamos que se organicen fiestas en las unidades».
Los copropietarios también organizaron el uso de los estacionamientos a través de un grupo de WhatsApp, donde se publican los espacios disponibles. Así, un huésped que necesita estacionar puede arrendar uno directamente por el período que requiera.
«El valor lo define cada dueño, pero fluctúa entre $5.000 y $8.000 diarios», señala.
A ello se suma la obligación de registro de todos los huéspedes.
«Ninguna persona puede ingresar sin entregar sus datos. Si no lo hace, se cancela la reserva. Es una medida de seguridad básica para el control de acceso», afirma.
Ese sistema ha permitido mantener un orden interno más estricto.
«Nos ha ayudado a que las personas sean más tranquilas, que no generen ruido, ya que están identificadas. Tenemos una base de datos comunitaria que nos permite saber quién entra y quién sale del edificio», agrega.
¿Cómo es la convivencia?
«La convivencia en el edificio, al menos en estos dos años que he participado como miembro del comité, ha sido buena. Ambos mundos conviven sin problemas y no hemos tenido conflictos relevantes».


