Fue restaurado por el empresario Vincent Gombault y cuesta 12.000 euros la noche
Se ubica en las cercanías del Puente Rialto. Su dueño convirtió en cuatro departamentos que puso en arriendo en 2023.
La televisión abrió una ventana a la vida en Europa de Leonardo Farkas. En «Primer plano», el empresario mostró parte del exclusivo departamento histórico que arrienda en Venecia, con un recorrido por los interiores del inmueble que traslucía el estándar de la propiedad que utiliza durante sus visitas.
Se trata del Palazzo Garzoni, una construcción que se arrienda mediante plataformas como Booking y Boutique Homes (puede buscar el aviso por el nombre del lugar en boutique-homes.com o acceder por https://l1nq.com/0nqf6rd). Su valor diario es de 12.000 euros, equivalentes a cerca de $12.737.520, con una estadía mínima de tres noches, una exigencia habitual en propiedades de este segmento.
El diseñador chileno Andrés Alsina, radicado en la ciudad italiana desde hace tres años, visitó el lugar en 2024 gracias a un vínculo con su propietario, Vincent Gombault, a quien describe como una de las grandes fortunas globales.
«Él compró el Palazzo Garzoni, que es del siglo XV y que es de estilo barroco, no renacentista, en 2019. Lo puso en arriendo en 2023», cuenta.
El dueño encargó a una firma de arquitectura de Milán la restauración del edificio, junto con su subdivisión en cuatro grandes departamentos. Estos corresponden a Terrazzeta, con dos dormitorios y dos baños; Rialto, con tres habitaciones y tres baños; Grand Canal, con cuatro dormitorios y cuatro baños; y Piano Nobile, la unidad de mayor tamaño, situada en un primer piso, elegida por Farkas para su estadía.
«Estuve en todos ellos. El señor Gombault pagó una fortuna para reconstruir este palacio y restaurarlo de forma tal que pudiera arrendar los cuatro pisos de manera independiente. Eso sí, se decoró con un gusto horrible. Parece todo de Ikea, pero todo es de diseño carísimo. Todo es de muy buena calidad, pero de mal diseño. En algún minuto pensé en proponerle una redecoración porque esto se hizo con poco espíritu veneciano», afirma.
Más allá de su observación, Alsina no le resta mérito al edificio.
«Es un palacio precioso desde afuera. Todos los palacios que están en esa zona son maravillosos. Son como cuatro kilómetros y medio de canal en el que se pueden ver construcciones hermosas», señala.
A partir de su experiencia, calcula que cada unidad tiene unos 200 metros cuadrados. También subraya el nivel de equipamiento de cada espacio.
«Tiene unas cocinas espectaculares: son todas high-tech», asegura.
El más barato de ellos, Terrazzeta, tiene un valor por noche de 2.200 euros, unos $2.347.180 chilenos.
«Los departamentos quedaron bien acondicionados para recibir a familias. En un hotel de lujo habría que pagar tres habitaciones. En cambio, aquí es posible ocupar la planta completa. Fuera del Piano Nobile, los niveles superiores son completamente modernos y han sido totalmente restaurados», sostiene.
¿Por qué mantuvo su carácter patrimonial?
«Probablemente por alguna restricción de conservación. Los estucos, los espejos, los cristales de Murano y las lámparas no pueden intervenirse. Por eso lo que se hizo fue incorporar mobiliario».
¿Quiénes compran estos recintos?
«Generalmente se compran para hacer fundaciones. Diane von Fürstenberg vive ahí y desarrolla iniciativas culturales vinculadas a su trabajo. Está la Fondazione Prada, impulsada por Miuccia Prada, que opera en distintos palacios de la ciudad. El Palazzo Grassi, en tanto, pertenece al empresario François-Henri Pinault, marido de Salma Hayek, vinculado al grupo Kering (dueño de marcas como Gucci) y se ha consolidado como un importante centro de exhibición artística. Así, hay varios casos que siguen esa lógica».
Esa tendencia responde al alto costo de estas propiedades, lo que condiciona su uso y destino.
«Comprar un palazzo, a no ser que lo hayas heredado, sale muy caro. Por eso la mayoría son fundaciones, museos o grandes hoteles de lujo», resume.
Ingeniería sobre el agua
Según la descripción de uno de los anuncios, el palacio fue construido a comienzos del siglo XV y adoptó el nombre de la familia Garzoni en el siglo XVII, cuando esta se estableció en esa residencia. Se ubica cerca del Puente Rialto, en la última curva del Gran Canal antes de la Plaza San Marcos.
«Todos en Venecia vivimos sobre pilotes. En mi casa tengo abajo como 500 pilotes que dan al mar», comenta Alsina.
¿Es una zona muy exclusiva?
«Venecia es toda entera exclusiva. Por eso la gente que no tiene recursos vive en (las ciudades aledañas) Mestre, Marghera o en Lido. Además, no es una ciudad accesible: no hay autos, no hay buses, no hay micros ni taxis tradicionales, solo transporte acuático. Caminas o navegas, no hay otra alternativa. Y un taxi acuático para un turista, en cualquier recorrido mínimo, cuesta 80 euros», explica.
Los canales de la ciudad son poco profundos. Uno pequeño puede tener 1,5 metros de profundidad y el mayor, el Gran Canal, hasta cinco metros.
«Toda Venecia está fundada sobre miles de pilotes de madera», señala el arquitecto Sebastián Cifuentes, académico de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Mayor. «Es bien impresionante cómo se erigen estas estructuras de piedra y mármol sobre esa base».
Respecto del palacio, profundiza en su valor estilístico y en las influencias que lo configuran.
«Presenta rasgos del gótico bizantino. Es un gótico veneciano que se caracteriza por arcos apuntados con pequeñas penetraciones en herradura y en círculo. Esas ventanas largas y estilizadas reflejan influencias provenientes de Oriente, de Bizancio, que quedaron instaladas en la arquitectura veneciana», describe.



