La norteamericana Julie Lew recorría el sur de Chile cuando comenzó a convulsionar
Julie Lew, una ciudadana norteamericana de 63 años que vino desde California al sur de Chile a pasar sus vacaciones, tiene recuerdos fragmentados de lo que le ocurrió. Son imágenes que se superponen unas sobre otras, sin estricto orden cronológico, como un collage.
«Fui a andar a caballo y comencé a tiritar después de comer», le contaría al equipo médico que la atendió. «Me llevaron a dos enfermeras que estaban en el tour conmigo. Mi mano no dejaba de tiritar. Después me llevaron a una clínica de Puerto Varas, luego al Hospital de Puerto Montt y de ahí hasta la clínica Andes Salud. Me dijeron que me caí, pero no me acuerdo. Por eso me quedó el ojo morado».
La parte médica de la historia solo la vino a conocer en detalle mucho tiempo después, cuando recobró el conocimiento tras una operación de cinco horas que le salvó la vida.
El que se la contó fue el neurocirujano de la Clínica Andes Salud de Puerto Montt, José Luis Cuevas, quien lideró el equipo de profesionales que la intervino en la mañana del lunes 13 de noviembre.
El edema y el tumor
El doctor Cuevas cuenta que antes de la intervención, Julie Lew perdió el conocimiento, tuvo varias crisis convulsivas y que cuando la derivaron al Hospital Regional de Puerto Montt, le detectaron un tumor cerebral de dos centímetros ubicado en el lóbulo frontal. Tenía, además, un gran edema cerebral, que complicaba todo.
«El cerebro es un órgano que se encuentra confinado en esta bóveda craneal en donde no hay posibilidad de expansión», explica. «Luego, cuando aparece un tumor que va creciendo, se produce un aumento de la presión endocraneana y ese aumento de presión hace que el tejido cerebral se congestione. Eso es el edema. Por esta razón es que Julie no podía viajar a Estados Unidos a tratarse, porque si la paciente convulsionaba dentro del avión, se podía morir de hipertensión endocraneana».
Otra complejidad era el lugar donde estaba alojado el tumor. Era una zona cercana a los nervios ópticos y a la vena seno sagital superior, que es muy importante para el drenaje del cerebro, cuenta el doctor. «Y es una zona cerebral en donde se encuentran las funciones ejecutivas, que tienen que ver con la atención, por ejemplo, pero también con el comportamiento».
A los familiares de Lew esta explicación les hizo mucho sentido. Hace dos años, le contaron al doctor Cuevas, que la mujer había comenzado a tener un comportamiento extraño que los tenía desconcertados.
«Muchas veces estos pacientes con un tumor en el lóbulo frontal, se ponen más apáticos. O puede ser todo lo contrario: hay desinhibición. Tienen conductas muy inadecuadas o reacciones que no corresponden. Bizarras», describe el doctor. «De hecho, uno de los riesgos de estas operaciones es que los pacientes terminen con secuelas relacionadas con el comportamiento, como un cambio de personalidad, un aplanamiento afectivo o un cuadro depresivo».
La operación
En orden secuencial, la operación consistió en la aplicación de anestesia general, seguido de una incisión en la piel, y luego una craneotomía, o retiro de una parte del hueso del cráneo, para acceder en el cerebro.
«El cerebro lo intervinimos usando una técnica microquirúrgica asistida por un microscopio. Luego, utilizando microtijeras y cauterizadores, hacemos la resección o extirpación del tumor sin dañar el tejido circundante», explica.
En la operación, el doctor Cuevas y su equipo llegaron a la convicción de que había salido todo bien, pero la hora de la verdad viene cuando el paciente vuelve en sí.
«La recuperación de Julie resultó fenomenal», cuenta el doctor. «A los pocos días volvió a caminar, desapareció prácticamente el edema, y no presentaba ningún tipo de secuela. Es más, la familia notó un cambio en ella: ahora estaba más atenta y respondía a las preguntas de una manera más precisa. Como antes».
Este miércoles, Julie Lew viajaba de regreso a California, sana y sin peligro de convulsionar en pleno vuelo.
«Es un orgullo que podamos hacer este tipo de operaciones de tan alto estándar, de primer mundo. Muchos turistas que viajan a otros países no tienen la suerte de ser atendidos con este estándar tan alto para operaciones tan complejas», concluye el doctor Cuevas.
«Fui a andar a caballo y comencé a tiritar después de comer. Mi mano no dejaba de tiritar» Julie Lew


