«La cabaña», un antireality sin contraindicaciones

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Express, simple, privilegiando la franqueza y la buena onda. ¿Vieron quese podía?

Hay quienes gustan de los reality shows, pero los encuentran muy largos. Y sé de algunos que verían uno de esos programas de telecautiverio si los participantes no cayeran permanentemente en las descalificaciones y las agresiones verbales, si fueran más «buena onda».

Pensando en esos dos tipos de televidentes Mega está transmitiendo, los viernes por la noche, el docushow «La cabaña», que es la versión más compacta, ágil y civilizada que podría generar y ofrecer este género televisivo, que está viviendo un intenso revival en la industria de la pantalla chica.

Karen Doggenweiler recibe, por supuesto en una cabaña, a cuatro invitados por episodio. Primero los inquilinos fueron Daniela Aránguiz, Camila Recabarren, Flor de Rap y Hugo Valencia. La semana siguiente los famosillos seleccionados fueron Berta Lasala, Francisca Merino, Katherine Salosny y José Antonio Neme.

Es como «La divina comida», pero sin el estrés de la posibilidad de quemaduras o cortes en la cocina (llámenme fatalito, pero yo sufro todo el tiempo viendo ese programa). Como «Gran hermano», pero sin la chance de pelarse entre los jugadores y luego abrazarse como si nada (acá el escaso metraje cuadrado no permite esas nefastas prácticas). Como «Tierra brava», pero sin que una de las participantes termine con la nariz como un grifo de sangre luego de un fierrazo para que el conductor (Sergio Lagos en el 13) diga que fue «una pequeña lesión» (le pasó a la peruana Shirley Arica el otro día).

A propósito de Lagos y Karla Constant, anfitriones de «Tierra brava», precisamente ellos fueron quienes hace 17 años condujeron «La casa», reality en que los concursantes debían levantar una vivienda. No confundir: en «La cabaña» se construyen lazos, se pavimenta con anécdotas el paso de las horas y se logra levantar un panorama televisivo preciso para quienes no quieren engancharse con los típicos realities en que si no hay una pelea, no se muestra.

A todo lo anterior hay que sumarle el aporte de Sebastián Lía, un vidente argentino que ya me impactó el 2012 cuando protagonizaba «Médium» en TVN. El porcentaje de sus aciertos y la especificidad de los mismos no han sido equiparados por ninguno de sus colegas mediáticos.

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