La historia de amor infinito entre Paulina Urrutia y Augusto Góngora

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La muerte alejó a la actriz del periodista, que enfrentó por años las afecciones del Alzheimer

Antes del pololeo, la casa compartida, el sentimiento ancho y la enfermedad que los unió hasta el fin, la actriz Paulina Urrutia conoció a Augusto Góngora en el teatro. Era septiembre de 1997, ella protagonizaba cierta obra y él, diecisiete años mayor, quedó prendado a tal punto que se consiguió su teléfono. Sin perder el tiempo, el periodista actuó: la invitó a salir. Y aunque ella no estaba interesada al principio, aceptó la salida, que por esas cosas de la vida resultó definitiva. No se separaron jamás, estuvieron veintiséis años juntos, hasta este 2023, alejados a la fuerza por el desenlace de una enfermedad.

El recordado rostro del noticiario «Teleanálisis» y programas culturales como «El mirador» o «El show de los libros» (ambos de TVN), Augusto Góngora, falleció a los 71 años el 19 de mayo. Fue producto de las complicaciones asociadas al Alzheimer que sufría desde 2014, afección que lo fue limitando rápidamente para deteriorar primero sus actividades cotidianas, después sus recuerdos y posteriormente sus funciones básicas. Al lado del también coescritor de los dos volúmenes de «Chile: La Memoria Prohibida», siempre estuvo la exministra de Cultura.

Dos años después del diagnóstico, el 17 de junio de 2016, la pareja celebró un matrimonio íntimo. Sólo participaron familiares y cercanos. «Ese hombre me hace más feliz que cualquier cosa, para mí no hay otro panorama mejor que estar con él. Él siempre me impulsa. Yo, por ejemplo, soy una persona muy miedosa, me asusto con todo y él me quita los miedos, toda la vida ha sido así. Esa energía es todo lo que no soy», declaró Paulina sobre Augusto en agosto de 2018, cuando ambos hicieron pública la enfermedad de él. «Lo que me da terror es que Augusto se olvide de mí. Ese es mi miedo», reconoció la actriz entonces.

Paulina, ya convertida en cuidadora de su esposo, prefirió ver lo luminoso de las cosas. «Yo no tengo delegados en ninguna de las tareas que significan acompañar al Augusto. Hay que trabajar el ingenio, la paciencia, el amor, la aceptación y el cariño. La situación es muy compleja porque la exigencia se ha triplicado. Pero yo siempre veo el lado positivo. La vida es así. No sirvo para sufrir», dijo en abril de 2020. Una certeza impenetrable la sostenía: «Me siento feliz al lado de este hombre. Y las cosas que se ven horribles al final son bellas a su lado».

Acostumbrados casi desde el comienzo del Alzheimer a pasar sus días juntos, al punto en que él la acompañaba a ella tanto a sus ensayos como a sus obras, la pandemia y las cuarentenas generaron una implicación aún más poderosa. Pasaron aquel tiempo solos, entre la casa y los alrededores de su barrio en Santiago. «Él es feliz cuando camina. Yo le digo El Alcalde, porque saluda a todas las personas, jajajá», agregó Paulina en una entrevista de octubre de 2020. Ahí reveló que las capacidades de su amor estaban afectadas «en un 80%» y que ya la desconocía. «A veces me dice yo no quiero nada con usted, señora . Tú no sabes la angustia y el dolor que me provoca eso», confesó. Su miedo más profundo acechaba.

Al momento de su muerte, Augusto ya había perdido su memoria, pero los recuerdos sobre él fluyeron con más fuerza. «Estoy profundamente agradecida del cariño y de todo ese apoyo que es muy importante cuando uno se queda sin su valentía, su coraje, su templanza y, sobre todo, cuando uno se queda sin su amor», evocó Paulina durante el velorio de su marido, despedido masivamente por colegas, amigos y personas que simplemente valoraron su trabajo. «Te amo», le dijo ella, una vez más, al hombre que ya no estaba.

La película que él quiso

Desde que anunció públicamente su enfermedad, Augusto Góngora aceptó documentar el proceso que le tocó vivir. A cargo de ese proyecto estaba la directora Maite Alberdi, quien declaró en entrevistas que él estuvo seguro desde el primer día: «Después de grabar a tanta gente, cómo no permitir que lo grabaran a él. Esa historia había que exponerla».

El material logrado, que contó con grabaciones caseras de Paulina Urrutia, en escenas tan tiernas como desgarradoras, dio sustento a «La memoria infinita» (2023), el documental que fue estrenado en agosto y que sobrecogió a mucha gente.

«En conversatorios donde he participado, gente joven rescata la historia de amor. Me han dicho: yo quiero amar así, quiero ser amado así como en la película», dijo Paulina después del lanzamiento de la cinta que ayudó a promover nacional e internacionalmente. Esa labor la ayudó a sobrellevar el duelo: «Ha sido muy, pero muy sanador. Yo lo veo como un regalo».

«La verdad, me siento feliz al lado de este hombre. Y las cosas que se ven horribles, que son terribles, al final son bellas a su lado», Paulina Urrutia.

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