Todos los años, en mayo, Jaime Fillol y su familia se van a Los Ángeles y San Francisco, en Estados Unidos
Estar ahí es recordar a mi abuela y a mi mamá. Todavía hay muchas cosas en esa casa, en los clósets. Incluso nos dedicamos toda una noche a mirar diapositivas que estaban guardadas en una caja de zapatos, contó Catalina Fillol.
Jaime Fillol (79) y su familia hacen un viaje muy especial los primeros días de mayo de cada año desde 2021, cuando falleció Mindy Haggstrom, la esposa del ex N° 14 de la ATP. En un par de semanas, los Fillol realizan un recorrido por la memoria, los afectos, los juegos infantiles, las alegrías y penas acontecidas en la casa del abuelo Kenny Haggstrom (Gaky), pronto a cumplir 100 años, y de la abuela Gretchen Haggstrom (Noni), ya fallecida, en la zona de Palm Springs en Los Ángeles, Estados Unidos. Y también visitan la casa en que vivieron Jaime y Mindy con sus hijos (Cecilia, Jaime, Natalia, Catalina y Ángela) en el sector de El Álamo, en San Francisco, entre 1987 y 1993. Un viaje que partió cuando Fillol comenzó a trabajar en el club de tenis Round Hill Country Club Álamo, en California.
‘Nosotros vivíamos en San Francisco, pero viajábamos a visitar a mis abuelos a Los Ángeles. De hecho, mis hermanos mayores Cecilia y Jaime nacieron ahí. En los primeros años de casados, mis papás vivían en un ala de la casa de mis abuelos paternos en la avenida Alsacia, en Los Leones. Y la otra mitad del año, cuando mi papá viajaba, pasábamos mucho tiempo alojando en la casa de mis abuelos maternos, en Los Ángeles', contó Catalina Fillol, quien viajó esta vez con su hijo Cristóbal y su hermana Natalia.
‘De California, en Los Ángeles, tengo súper lindos recuerdos. Desde San Francisco nos íbamos una o dos veces al año a Palm Springs a pasar las vacaciones en el desierto. Mi abuelo tenía un carrito a pedales en el que salíamos a pasear. Yo tenía siete años. Y mi abuelo tenía además colecciones de pelotas de golf, de bicicletas, de cámaras fotográficas. Su casa de Palm Springs la compró en los años 70, amoblada y decorada, y se mantiene hasta ahora tal cual, con la decoración de esa época. Entonces, cuando uno entra da la sensación de volver al pasado. Mi abuela era muy de casa y aprendimos de ella muchas recetas de cocina. Ella era una mujer gringa, muy cariñosa, y nosotros la pasábamos en el jardín todos los hermanos peluseando', recordó Catalina, actual directora del ATP de Santiago.
‘Mis papás se conocieron de casualidad, porque una amiga invitó a mi mamá al club donde estaba mi papá. Y ahora, en este viaje, conversábamos que era inusual para esa época darle permiso a una hija de 18 años, de casarse con un tenista profesional de Chile. Eso refleja la gran confianza que le dieron a mi papá en poco tiempo. Luego mi mamá viajó de Los Ángeles a Miami, donde se juntó con mi tío Esteban, quien la trajo a Chile a conocer la familia de mi papá. Mi papá llegó un par de días después, porque estaba en gira. Y mi mamá viajó sin saber español', rememoró.
¿Retornar a esas casas tiene una carga emocional porque son lugares muy familiares para su mamá que ya no está?
‘Cuando ella se enfermó, dejó de viajar para ver a sus padres y hermanos. Y cuando mi mamá falleció, mi papá quiso retomar la conexión y la tradición de ir por lo menos una vez al año a visitar a su familia. Todos los años invita a uno o dos nietos de entre los 17 que tiene y parte a Los Ángeles para luego manejar hasta San Francisco. Estar ahí es recordar a mi abuela y a mi mamá. Todavía hay muchas cosas en esa casa, en los clósets. Incluso nos dedicamos toda una noche a mirar diapositivas que estaban guardadas en una caja de zapatos, y encontramos fotos de la graduación de mi mamá'.
¿Su papá cómo vive estos viajes?
‘Mi papá cumple 80 años ahora el 3 de junio. Él goza sentarse a conversar de tenis con mi tío Kurt y mirar los recuerdos. Una de las cosas que le gusta mucho es mantener la relación familiar. Si bien mi mamá ya no está con nosotros, la relación con su familia para mi papá es sumamente importante. Y ver a mi hijo Cristóbal, de 17 años, hablar con su bisabuelo, que tiene 100 años, con quien quizás no tiene relación porque ha compartido con él muy pocas veces, pero para mi papá eso es súper importante porque ve que todavía hay amor y cariño'.


