Volante llegó anoche desde Brasil para incorporarse a la U, el club que dejó hace 10 años
Un atraso de media hora en su vuelo por las ráfagas que azotaron la capital y una gran cantidad de equipaje demoraron la salida del jugador.
Cuando todavía no caía la lluvia, unas ráfagas furtivas de viento comenzaban a botar árboles, postes, dejar sin luz algunas comunas de Santiago y atrasar un poco los aviones. El más esperado: el vuelo 505 de Latam, procedente de Florianópolis, Brasil, que debió sobrevolar por media hora a la espera de que la torre de control le confirmara que las condiciones de viento permitían el aterrizaje.
En él venía un Príncipe, esperado por unos cien valientes súbditos inmunes al frío. Charles Aránguiz aterrizaba en Santiago a las 23.45 de este jueves y de inmediato se reactivaban los gritos de estos fanáticos de la U que no olvidan su paso por el equipo azul y que anhelan revivir con el volante sus viejas glorias.
«Vine porque siempre he sido fanático de la U y recuerdo cuando estaba en el colegio e iba con mi viejo. Charles es un ídolo y es lo que necesitamos en este momento como institución. Además, devolver la mano por el esfuerzo que ha hecho por volver de Brasil. Es lo que necesitaba, otro líder en la cancha, para los cabros chicos, para la barra, es un peso pesado», dice Iván Mancilla.
«Hablé con un amigo que iba a venir, me motivé y acá estoy. Es un ídolo. Ojalá no se lesione tanto», desea Matías Contreras, otro hincha que tal como su centena de compañeros no para de cantar y saltar. Solo una familia que sale del aeropuerto con un lactante interrumpe la fiesta azul, genera un minuto de silencio, pero basta que se alejen para que de nuevo la fanaticada estalle en cantos, aumentados cuando la pantalla del aeropuerto confirma el arribo del avión del puentealtino. Desgraciadamente para ellos, al final la salida del jugador se demoró bastante y se produjo por una salida lateral, lo que fue desmotivando a los hinchas, la mayoría de los cuales se comenzó a ir.
Una hora después de su arribo el jugador recién pudo salir de la terminal, con paso rápido y algunos breves saludos a los pocos hinchas que aguantaron a esa hora. Escoltado por una pareja de carabineros y de la mano de su hijo, hizo el amago de retirarse pero el acoso obligó a los policías a devolverlo al aeropuerto y sacarlo en un carro policial por otra salida. El jugador se veía relajado, vestía buzo negro, jockey y mochila del mismo color.
No sólo eso lo había demorado. Su equipaje tard+o en salir de la huincha transportadora y no era liviano: 8 maletas grandes alusadas con film rojo componían la carga que se trajo de Brasil. Finalmente, un asesor las montó en dos carros y se encargó de transportarlas a la casa del jugador una vez que éste dejó Pudahuel.


