El doctor en Teoría Política, Pablo Ortúzar, desmenuza el discurso del mandatario frente al Congreso pleno
La defensa de la Ley contra las incivilidades y el Registro de Vándalos fue magistral, dijo Ortúzar.
Si Pablo Ortúzar hubiese sido el editor del discurso del Presidente José Antonio Kast, probablemente la Cuenta Pública habría durado poco más de una hora. «La primera media hora me pareció latera. Ningún doctor en la puerta del quirófano habla así. No sonaba a emergencia alguna», comenta el antropólogo social y doctor en Teoría Política en la Universidad de Oxford. «Sin embargo», agrega, «una vez que entró a ordenar la agenda del gobierno y sus avances, la cosa cambió. Adquirió el tono necesario y delineó un proyecto que me parece más sólido de lo que quizás el Presidente se da cuenta».
¿Qué fue lo mejor de la cuenta pública y qué fue lo más decepcionante?
«La introducción, repito, fue un bostezo, pero creo que la defensa de la Ley contra las incivilidades y el Registro de Vándalos fue magistral. Puso en el centro la idea de que deberes y derechos ciudadanos se sostienen y caen juntos. La visión de una ciudadanía exigente, que yo creo que es hoy altamente popular».
No hizo referencias a los errores que podría haber cometido el gobierno, incluyendo la destitución temprana de dos ministros.
«No creo que fuera necesario. En una lógica de emergencia la acción debe corregir la acción. Las excusas no sirven en el momento, se dan después. Una emergencia es un momento de pura actividad. Si un bombero o un médico nota que realizó una maniobra que no surtió el efecto esperado, pasa a otro tipo de maniobra en vez de quedarse analizando la anterior».
¿Qué le parecieron las medidas de seguridad, teniendo en cuenta que es el tema principal por el que fue elegido este gobierno? ¿Las encontró suficientes?
«Hubo una bajada de expectativas: Kast declaró que nada de lo prometido se logra de la noche a la mañana, sino que requiere un periodo prolongado y sostenido de acción y atención. Creo que en esta cuenta pública el Presidente Kast redefinió la idea de emergencia de su gobierno: Chile no enfrentaría algo así como un incendio que se puede apagar rápido con la diligencia necesaria, sino algo más parecido a un cáncer -una emergencia oncológica- que requiere comenzar lo antes posible un tratamiento que no es fácil y rápido, sino difícil y extenso. Es una emergencia larga, en otras palabras. Ese fue el corazón de su mensaje».
El Presidente dijo que todo el mundo quería más carabineros en las calles, pero no anunció aumento de la dotación. Y habló de aumento de plazas de reos, pero no de gendarmes. ¿No es contradictorio?
«Más que contradicción veo tensión. Una situación de emergencia exige economía de medios y de palabras. No se vende humo en medio de una situación crítica. Si Kast no se toma muy en serio el problema de los medios, será como ese meme donde alguien tiene un ataque al corazón y su acompañante pregunta si hay un doctor presente, y el que levanta la mano aclara que es doctor en filosofía».
Teniendo en cuenta la polémica de la metáfora de las 300 mil expulsiones en un día, ¿qué le parecieron las medidas para combatir la inmigración ilegal? ¿Bastan para mitigar la polémica?
«Creo que Kast debe moverse rápido de la lógica donde el enemigo es el extranjero a una donde el enemigo es el incivilizado y delincuente de la nacionalidad que sea. Es cierto que el deseo popular de la ciudadanía exigente nació de los efectos del shock migratorio, pero debe ser divorciado del problema de la nacionalidad. No necesitamos leyes xenofóbicas sino universalmente severas. Al que abusa, de la nacionalidad que sea, debe caerle el Estado encima».
¿Cuál cree que es la principal diferencia de la cuenta pública de este gobierno con las cuentas públicas de los presidentes anteriores?
«Creo que son dos cosas: la lógica emergencia y el régimen de deberes. Es decir, la idea de que nuestra ciudadanía y los derechos que ella incluye, está en peligro frente al abuso de criminales y abusadores. La izquierda es contradictoria en este sentido. Defiende capuchas y barricadas una semana y a la siguiente aplaude la ley Papito Corazón que se rige por la misma lógica que la ley de incivilidades».
¿Cree que aumentará la aprobación del gobierno con la cuenta pública?
«No lo sé, pero yo pensaría que logró renovar los términos del pacto con su electorado. Kast buscaba repactar la deuda con sus votantes y creo que el discurso estuvo a la altura de ese objetivo».
¿Le parecieron suficientes los anuncios en temas sociales?
«La idea de fondo es que los derechos y los deberes deben ir de la mano, y que ahora necesitamos pasar por una etapa de más deberes que derechos, si es que mañana queremos mantener y expandir esos derechos. Como decía, creo que esa idea de ciudadanía exigente puede ser popular y tener buen futuro. Es lo único que podría oponerse a la visión de ciudadanía feliz y forrada que llega con Parisi y el Partido de la Gente».
Del diagnóstico de la situación económica y la política fiscal, ¿cuáles fueron los datos que más le llamaron la atención?
«Tengo serias dudas con la idea de que bajar impuestos y liberar los espíritus animales puede ser la mejor política social. Creo que una cosa no quita la otra. Y creo también que la visión de derechos y deberes que van de la mano orienta en una dirección distinta la política pública. Kast debería irse más en la línea de Bismarck o Adenauer que de Reagan y Thatcher».
El Presidente dijo que entre responsabilidad y populismo, habían preferido responsabilidad. ¿Cree que la gente valora ese principio teniendo en cuenta la baja en las encuestas del Presidente?
«Como dije antes, el gran desafío de estos años debería ser el de lograr el triunfo de una visión de ciudadanía exigente que vaya más allá de izquierdas y derechas. De una noción robusta del deber ciudadano. Si los chilenos deciden que ese es el camino para conquistar más y mejores derechos, lograremos esquivar la demagogia. Si nos convencemos, en cambio, de una promesa de felicidad fácil, feliz y forrada, se viene un naufragio completo».


