Esta es la niña que soñaba con ser campeona olímpica algún día

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Francisca Crovetto logró la medalla de oro del tiro skeet en Paris 2024

Francisca siempre me prometió que sería campeona olímpica, desde que era muy chica me lo repetía y repetía, y hoy ganó oro, cuenta su papá, Juan Francisco.

Hace veinte años, una niña comenzaba su carrera como deportista y mientras miraba la televisión, se encontró con dos tenistas, Nicolás Massú y Fernando González, recibiendo su medalla de oro en Atenas 2004. En ese momento decidió que esa era la vida que quería tener y que una presea dorada en los Juegos Olímpicos sería su meta.

Esa niña era la tiradora Francisca Crovetto y acaba de convertirse en campeona olímpica a sus 34 años en una apretada final de tiro skeet ante la británica Amber Rutter, que tuvo a todos los chilenos atentos y comiéndose las uñas.

La chilena se quedó con el oro al sumar 55 puntos (+7) en una final que tuvo no uno, sino que tres desempates. Y la británica se quedó con la plata con un total de 55 puntos (+6). Crovetto no sabía ni cómo reaccionar, pero cuando ya absorbió más la noticia, su primera reacción fue agradecer a su gente y dedicarle este logro a su papá, Juan Francisco Crovetto.

«¡Te lo prometí papá, aquí está!», declaró emocionada.

De esta forma Francisca quebró una sequía de medallas olímpicas para Chile que llevaba ya 16 años: la última la presea plateada fue obtenida por Fernando González en Beijing 2008.

Sumado a eso, se convirtió en la primera mujer chilena en obtener una presea dorada y en la segunda en obtener una después de la de Marlene Ahrens, en 1956.

El camino para llegar a esta medalla comenzó muchos años atrás, con su papá. A Juan Francisco le gustaba cazar y practicar tiro con sus amigos. De pronto conocieron el tiro a platillos y montaron una cancha desde cero en la parcela de un amigo, todo muy artesanal. Iban todos los sábados y llevaba a Francisca, su hija menor, para que lo acompañara.

Rápidamente se aprendió las reglas y fiscalizaba a todos los participantes para ver si las cumplían. A los 12 años quiso disparar por primera vez.

«A la primera no le gustó porque era muy fuerte el rebote que daba la escopeta en el hombro. Pasaron dos años y me dijo que quería volver a intentarlo. Le encantó y ahí le pasé mi escopeta, que era de las antiguas y era más corta, pero le sirvió para comenzar. Comenzó a mejorar y cuando probó el skeet, no quiso intentar ninguna otra modalidad más», cuenta Juan Francisco.

Ahí comenzaron las competencias y también los gastos. Los hoteles, el traslado, la ropa, los materiales, todo corría por su cuenta e hizo un gran esfuerzo por apoyarla de manera económica, deportiva y emocional.
Su familia siempre estaba pendiente de sus competencias, no podían acompañarla a todas, pero encontraron otras formas de estar presente en el deporte.

«Siempre me acuerdo de una Navidad, la Fran tenía como 16 ó 17 años y su regalo fue una escopeta. Toda la familia se juntó para hacerle su regalo, porque es un deporte caro, pero hicimos el esfuerzo todos y la apoyamos para que tuviera su propia escopeta y ya no tuviera que usar la de papá», cuenta Claudia Crovetto, la hermana mayor de Francisca y que ahora está en París junto a ella.

Tiempo después de que recibió su primera escopeta, tuvo que tomar una decisión importante. Entró a estudiar Ingeniería en Biotecnología en la Universidad de Chile, pero decidió congelar la carrera para dedicarse cien por ciento al deporte.

«A la mamá no le gustó mucho la idea, pero hicimos un trato. Le daríamos dos años para que viera si era lo que realmente quería hacer, si le iba bien, o si no volvería a estudiar. Y el tiempo le dio la razón. Este logro y todos los logros que ha tenido son solo fruto del esfuerzo de todos estos años», cuenta su papá.

Juan Francisco está más que orgulloso de su hija. Tiene guardada aquella escopeta que le regalaron a Francisca esa Navidad, asegura que «es una reliquia». Y también está presente en cada triunfo y competencia de ella, ya sea de manera presencial o por videollamada. Como todo papá chocho, le cuenta a todo el mundo de su hija cuando va a comprar al negocio, y ya lo reconocen y hasta le piden fotos. Su celular tiene más de 250 mensajes que aún no puede responder felicitándolo por la medalla de su campeona olímpica y se ha dado el tiempo de responder cada llamada que le llega para hablar de Francisca. También va a comprar los diarios o revistas cada vez que su hija aparece y asegura que le han hecho más de un descuento cuando ella aparece en una portada.

Y repite que está feliz, muy feliz por ella. «Francisca siempre me prometió que sería campeona olímpica, desde que era muy chica me lo repetía y repetía, y hoy ganó oro. Estoy muy orgulloso y feliz por ella, era algo que siempre quiso y también le abre puertas», señala.

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