Párroco Padre Cristian Giadach relata ataque al interior de iglesia de Rancagua
Dos sujetos balearon a un hombre que fue a una misa por el primer aniversario del homicidio de su mamá.
La misa de las 19 horas de este viernes en la Parroquia Divino Maestro, de Rancagua, estuvo especialmente concurrida por dos motivos, que fueron mencionados y encomendados durante la homilía. La conmemoración de los 30 años de sacerdocio del vicario Ricardo Rebolledo, segundo a bordo en esa iglesia, y el primer mes de aniversario de la muerte de la ciudadana colombiana Flor Yaneth Hurtado.
La familia de la difunta llegó en pleno, cuenta el párroco del Divino Maestro y oficiante de la misa, Cristian Giadach. La ceremonia transcurrió con normalidad. Terminó a las 19:50 horas y Marvyn Fernando Yáñez Hurtado (27 años), hijo de Flor, salió del templo con sus parientes y se quedaron cerca de la puerta conversando.
Los curas, el diácono y alrededor de 40 feligreses, la mayoría adultos mayores y un par de niños, se ubicaron al fondo de la misma iglesia a celebrar con queque y otras delicias al padre Ricardo. De repente, como si fuera una película, empezó el caos.
Marvyn ingresó corriendo al templo, mientras era perseguido por dos sujetos «de tez morena, también colombianos», describe el cura. Ambos armados con pistolas y disparando contra su víctima.
«Nosotros éramos espectadores de cómo lo perseguían y cómo disparaban dentro del templo. Estábamos en el lado izquierdo de la parte trasera de la iglesia. Y ellos entraron corriendo por el derecho», relata Giadach.
El primero de los sujetos le dio en el muslo. Marvyn corrió cojeando hasta la sacristía para buscar refugio, pero fue alcanzado por el segundo hombre armado. «Él vació su arma literalmente en la víctima. Le pegó en la cadera y una mano», agrega.
La primera parte de la película terminó con los victimarios arrancando del lugar. «Buena parte de la feligresía estaba llorando, muy nerviosa. Fue una sensación de miedo bastante grande. Cosas que en verdad no deberían pasar en nuestro país».
Segundo acto
La segunda escena ocurrió en la sacristía con el padre Giadach y algunos feligreses intentando ayudar a la víctima. «Él estaba bien consternado y un poco choqueado, obviamente le dolía la cadera y el muslo. Su mano estaba sangrando. Dos mujeres de la familia llamaban por teléfono a distintas personas».
Llegó la ambulancia, Carabineros, PDI y Fiscalía.
«Una de las cosas que nos decían (los policías) es que esto fue un ajuste de cuenta por un tema de narcotráfico. A Flor Hurtado la balearon el 5 de mayo en la calle Rubio, en el centro de Rancagua. Nosotros la velamos e hicimos la misa en la iglesia porque su hijo nos pidió. El velorio fue muy tranquilo, me acuerdo que se quedaron toda la noche en la iglesia».
¿No es peligroso hacer una misa, un velorio para alguien ligado al narcotráfico?
«De ninguna forma le vamos a negar a una persona su funeral. En la iglesia todos somos hijos de Dios, sea un narcotraficante o una autoridad dentro de nuestra sociedad. Nosotros velamos a esa mamá por caridad. No les cobramos porque no tenían los recursos para pagarlo. La iglesia es un lugar de refugio y de fe para todos».
La reflexión
El padre Giadach afirma que no recuerda ninguna balacera en un templo religioso: «Históricamente, la iglesia siempre fue un lugar de refugio. Incluso, hasta en tiempos de guerra, el enemigo sabe que la iglesia es un lugar neutro, pero hoy ni siquiera se respeta eso».
¿Van a tomar alguna medida de resguardo?
«No. Esto fue un hecho aislado y no fue contra la iglesia ni contra un feligrés. Vamos a seguir celebrando tanto la misa de los sábado, a las 7; como los domingos, a las 10 y las 12. Seguiremos haciendo bautizos, primeras comuniones, matrimonios. Todo lo que realizamos habitualmente».
¿Le gustaría decir algo más?
«Estas situaciones nos remecen porque no deberían pasar y nos habla de la pérdida de valores y del tipo de sociedad que hemos construido. Cuando yo era niño podía dejar la bicicleta en el suelo, la puerta de la casa abierta y no había ningún drama. Hoy una sensación de inseguridad tan grande y eso es por culpa de la droga que se metió en nuestra sociedad. Además, hay falta de empatía. El no preocuparse por el otro, empezar a disparar dentro del templo sin ninguna consideración por quién estaban allí. Son hechos que en Chile no ocurrían y que lamentablemente estamos viendo. Y obviamente el llamado es a la autoridad, a que combata la droga, que endurezca las leyes, que la policía tenga las herramientas suficientes para poder combatir situaciones como esta. Que no quede impune».
La explicación de por qué los pistoleros huyeron sin problemas
El subprefecto Juan Reyes, jefe de la Brigada de Homicidios de Rancagua, explica que la Parroquia Divino Maestro está ubicada en medio de unos pasajes, donde transita mucha gente, por lo que los pistoleros llegaron y arrancaron sin problemas. Detalla que durante el ataque «se efectuaron al menos diez disparos» y lo cataloga como un homicidio frustrado «en contexto de crimen organizado».
«La víctima está en el Hospital Regional (de Rancagua) y se dispuso de un refuerzo adicional de Carabineros para su protección», agrega.


