Armatoste ingresó a un pasaje estrecho y luego intentó salir a toda velocidad en marcha atrás
El conductor, de 38 años, y que según la investigación policial manejaba en estado de ebriedad, atropelló a una persona y terminó incrustado en una casa.
Eran casi las seis de la mañana del lunes, cuando el crujido de lo que parecían fierros retorciéndose hizo saltar de su cama a Roberto Vera. Prendió la luz de su pieza, miró por la ventana y vio que su preciado Ford Focus beige estaba pegado a su casa, como si un tsunami lo hubiese sacado del sitio donde lo había estacionado.
Salió en pijama a la calle, aún de noche, en el estrecho y modesto pasaje José Cruzat, en Antofagasta, y lo que vio le pareció tan incomprensible como le sigue pareciendo horas después, cuando recrea lo sucedido.
Mete primera
«Lo que pasó fue que este camión, que debía tener, no sé, unos 20 metros de largo, se metió por el pasaje, cuando por acá no se meten ni los camiones de gas, porque todo el mundo sabe que no caben. Súmele a eso que había autos estacionados por ambos lados», cuenta. «Cuando dobló por el pasaje, agarró la camioneta Maxus T60, que es de la empresa donde trabajo. La achicharró por atrás. La Maxus arrastró al Ford Focus, que sí es de mi propiedad, y que terminó con el motor desplazado, y la Ford chocó después a la Great Wall, modelo Wingle 7, que también es de la empresa donde trabajo, y que quedó con los parachoques delanteros y traseros destrozados».
El camión siguió avanzando, agrega Roberto Vera, al tiempo que salían más vecinos como él, espantados, tratando de detener el camión.
«Le gritaban de todo: que se detuviera, que no siguiera avanzando, lo amenazaban. Pero el tipo no hacía caso y seguía avanzando y avanzando».
Marcha atrás
Bernardo Contreras dice que a él lo despertaron los gritos. Gente desesperada que veía, impotente, la contracción de un gran acordeón de vehículos apretujándose.
«El pasaje Cruzat es estrecho y se pone aún más estrecho más adelante, como un embudo, así que en la práctica es como un pasaje sin salida. El tipo se dio cuenta que no podía seguir avanzando y comenzó a retroceder, intentando salir por donde había venido. Imagínese hacer retroceder un camión de 20 metros en un pasaje así. Pero el tipo retrocedió, y no a baja velocidad, sino que con todo. Y con todo le dio a mi auto».
Hay vecinos que alcanzaron a grabar parte de lo que ocurrió aquella madrugada, en donde se ve cómo el camión azotó, una y otra vez, el pobre auto de Contreras, un Toyota Rav4 rojo.
«El tipo retrocedió y chocó mi Toyota una vez. Después avanzó y retrocedió de nuevo y por segunda vez chocó mi auto. Y luego una tercera vez. Y con cada choque, iba empujando y chocando todos los demás autos estacionados, como un efecto dominó», cuenta. «Yo intenté razonar con el chofer. Le gritaba que parara, que si quería llamaba a todos los vecinos para ponernos de acuerdo y sacar todos los autos para que pudiera salir, pero a cada grito el tipo aceleraba más y más. Mi auto era cero kilómetros, me lo compré en septiembre y no estaba asegurado».
Calle sin salida
Hasta que de pronto el camión, en un acto aún más absurdo, se metió a otro pasaje que estaba cerrado con una cadena y en donde había un letrero bien grande en el que se lee «calle sin salida».
Paola Cepeda, presidenta de la junta de vecinos del sector, cuenta que en esa arremetida llegó hasta una plaza, donde rompió una reja, que no conduce a ninguna parte porque es el final del camino. «Al ver que no tenía escapatoria, el camión retrocedió a toda velocidad y destruyó otros dos autos, entre ellos un Audi blanco, atropellando a su propietario, que está grave en el hospital», dice. «Luego retrocedió por segunda vez, también a toda velocidad, hasta chocar con una casa, derribándole la pandereta de cemento. Y por suerte que había pandereta, porque si no, arrasa con la casa».
En ese lugar el camión quedó atascado. «El conductor hizo un último intento de arrancar, pero los vecinos le rompieron el vidrio del copiloto, lo bajaron y lo amarraron hasta que llegó Carabineros. Estaba pasado a trago y en la cabina tenía botellas vacías de cerveza».
El chofer, de 38 años, y que en total arrasó con 11 vehículos, pasó a control de detención en el Tribunal de Garantía de Antofagasta, pero su formalización fue aplazada hasta el jueves, a la espera de la alcoholemia y de exámenes médicos para determinar la gravedad de la persona atropellada.
«Le gritaban de todo: que se detuviera, que no siguiera avanzando, lo amenazaban. Pero el tipo no hacía caso y seguía avanzando y avanzando», Roberto Vera.


