Diego Carrasco aplica la creatividad en su ropa Bekanvas y en su restaurante Plaggio de en Viña
Destaca que trabaja con un horno napolitano a leña que las deja listas en 60 segundos.
Cuando se entra a la nueva Pizzería Plaggio, ubicada en el barrio Los Ponientes de Viña del Mar, hay unos cuantos detalles algo divergentes que llaman la atención.
El primero es un horno pizzero napolitano a leña que abriga el ambiente.
El segundo, un sector de mesas con una decoración de perfil japonés con iluminación roja.
Tercero, una barra retroiluminada de un rosa muy suave, sobre la cual cuelgan varias lámparas de lágrimas de cristal de estilo clásico europeo, elementos a los cuales se suma, en un rincón, un colgador con ropa de diseños tan explosivos y extravagantes como la ambientación del local.
Ah, esto más un perro plástico de tamaño real que custodia la entrada.
El culpable de la mezcolanza es Diego Carrasco (33), un artista y emprendedor viñamarino que a su imponente currículum de diseñador -en 2023 expuso en la ‘new york Fashion Week'sumó hace nada este nuevo restaurante que apuesta por una carta breve, pero jamás sencilla.
Entre sus piezas, todas de creación propia, está una pizza de prietas (sic), hecha de prietas molidas con queso azul, mozzarella, nueces y aceto de frambuesa. ‘Era una de las que más pedían, pero como siempre rotamos la carta, la reemplazamos por otra', cuenta Carrasco, quien anuncia que los recambios tampoco serán quitados de bulla: una pizza que mezcla camarón con mango y otra que lleva queso mozzarella, salsa bechamel, ricota con espinacas, pistachos y aceite de ajo con ciboulette.
La idea del restaurante se mezcla con la historia de Diego como diseñador y estudiante de arquitectura. ‘Cuando estudié en Italia, viví frente a una pizzería y me enamoré del oficio.
Me quedaba viendo cómo trabajaban los pizzeros, un trabajo que tiene todo un romanticismo en el trabajo de la masa con las manos, con el horno, con el fuego', cuenta.
Ese cariño lo trajo de vuelta a Chile y trató de abrir un restaurante con una amiga, pero el proyecto nunca se concretó.
Finalmente convocó a un grupo de amigos para sumar fuerzas y finalmente abrieron Plaggio, cuyo horno napolitano que alcanza una temperatura de 450 grados. ‘Una pizza tarda entre 50 y 60 segundos', cuenta Carrasco.
Vitrineo con pizza
En el corto tiempo que llevan, ya se instaló una suerte de rito entre los clientes.
Siempre hay alguno, especialmente, mujeres, que se levanta y va a mirar el colgador con los diseños de Bekanvas, la marca de ropa de Carrasco.
Y ahí la sorpresa es parecida a la que se tiene cuando se ve en la carta la pizza de prietas.
Son, por Ilamarlos de algún modo, llamativos o, en boca de un boomer, estrambóticos. ‘La ropa tiene patrones distintos, colores intensos, y requiere que el usuario dé un paso, que se atreva.
A la gente le cuesta ponerse una polera de Bekanvas, es un paso que hay que dar, se tienen que atrever, pero una vez que la usa hay un cambio, se nota un efecto', dice Carrasco.
‘La gente los interpela en la calle y al otro día te hablan por Instagram y te dicen, ‘oye, me fue súper bien, la gente me habló en la calle por la polera', relata'.
Lo del color, cuenta, fue una reacción al ambiente de la escuela de arquitectura, donde el negro era dominante y el color estaba prohibido. ‘En la universidad todo era negro, todo, todo.
Como que no se podía jugar, así que ahí dije ‘voy a hacer algo con color», recuerda.
Con los diseños le fue muy bien, al poco tiempo llegó al retail, y vendió sus productos en dos casa comerciales importantes. ‘Pero era nada que ver, porque yo era independiente, mis diseños eran independientes, rupturistas, y vendía en Ripley y Paris. No se podía, pues. Además, cobraban como el 30%. Por eso decidí vender por mi sitio', recuerda.
Carrasco diseña pocas veces al año, entre seis y ocho colecciones, pero tiene un proceso de observación permanente.
Fotografía todo lo que le llama la atención, desde zapatillas hasta un cepillo de dientes, fotos con las que construye una biblioteca visual.
Con ese material trabaja en la cabeza, hasta que lo cuaja en un diseño que luego testea. ‘Yo lo ocupo un par de meses.
Si a la gente le gusta, lo lanzo.
Si no me dicen nada, no lo saco', explica.
Más allá de lo ‘colérico', como diría otro boomer, hay otro elemento común en los diseños del artista: la imagen de su perrita Wini, que es un motivo común y transversal a muchas de sus colecciones. ‘Hice un diseño con ella y fue el más vendió por lejos, y sigue siendo el más popular.
Con el tiempo la transformé a ella en un actor que habla por mis redes sociales.
Tiene voz propia en mi Instagram y ella misma responde las preguntas de los clientes por WhatsApp.
Entonces es entretenido, porque si quieres preguntar por algo que vas a comprar, te responde un perro', cuenta.
Precisamente Wini fue la protagonista de las creaciones que Carrasco expuso en la new york Fashion Week, pero esa historia se lee en el recuadro. .
NYFW y su perrita Wini
Diego Carrasco cuenta que cuando en 2023 le llegó la invitación para participar en la new york Fashion Week, la cima mundial de la moda, no lo creyó hasta que lo contactaron una segunda vez. Para hacer algo diferente, no vio nada de tendencias y trabajó conceptualmente encapsulado. El resultado fue la colección ‘Sueños de Wini', inspirada en su perrita, cuya figura la uso como un elemento transversal llevado al extremo: modelos vestidos como perros, peluches y piezas en 3D. El desfile generó atención inmediata de la prensa presente. Salió en medios de todo el mundo, fue destacado como el mejor desfile del día.'La gente quedó loca porque era muy extraño'. Desde entonces lo invitan cada año a Nueva York, París y Tokio, aunque no ha vuelto por el costo y los meses de dedicación exclusiva que implica.


