Autor de libro Chile Narco detalla la captura en Chile de los hermanos Salazar
Una exitosa operación contra la organización criminal más brutal de México, el Cártel de Sinaloa, ocurrió en Chile gracias a la silenciosa coordinación entre la Policía de Investigaciones (PDI), el Ministerio Público, la Drug Enforcement Administration (DEA) de Estados Unidos y la Guardia Civil de España.
En la captura de dos de sus integrantes -quienes planeaban instalar en Iquique un centro de operaciones para trasladar cocaína de alta pureza entre los puertos de Valparaíso y Amberes, en Bélgica- no hubo violencia, disparos ni persecuciones. Ni siquiera un empujón.
«La captura de estas dos personas -muy cercanas a Ovidio Guzmán, conocido como ‘El Chapito' por ser el hijo del ‘Chapo' Guzmán- fue una operación totalmente limpia. Yo creo que sirve, incluso, como para que la policía dé clases sobre cómo logró infiltrarse en el brazo operativo de una de las organizaciones criminales más sangrientas de México sin ser descubierta. Hasta el momento, que yo sepa, ninguna persona en el mundo ha podido infiltrarse en el Cártel de Sinaloa sin que la maten», describe el investigador y periodista Jorge Molina Sanhueza, autor del libro «Chile Narco».
La llegada del cártel
Cuenta Molina que el 20 de febrero de 2020 la PDI de Iquique recibió un mensaje de la DEA: un brazo mexicano del Cártel de Sinaloa, que en ese momento operaba en Bolivia, buscaba abrir una línea de salida desde Chile para traficar cocaína de alta pureza hacia Europa. El Ministerio Público también se enteró: así planearon desbaratar a la organización con la infiltración de un agente encubierto de la PDI y un informante anónimo, conocidos policialmente como AER-40 e IER-73. La policía chilena pasó 381 días en total aliada al cártel
¿Los narcotraficantes nunca supieron que eran policías?
«Jamás. Fue una operación de lujo. Ricardo Salazar Tarriba, el líder del brazo en Sudamérica, llegó a Chile desde Bolivia de manera clandestina el 4 de septiembre del 2020. Durante los meses anteriores los agentes encubiertos prepararon toda una vida ficticia. No significaba tener solo un nombre falso, sino que contaban con documentación, supuestos familiares, casas y dinero para financiar el negocio que quería instalar el cártel en Chile. La chapa del agente encubierto era Roberto; la del informante, Manuel».
¿Qué pasó luego de que Salazar cruzara ilegalmente la frontera?
«Roberto y Manuel lo recibieron en Iquique, le pagaron un departamento y le administraban el dinero para que supuestamente Salazar no dejara rastro. Además, le presentaron a un asesor aeroportuario, también encubierto».
Queda en familia
La Guardia Civil de España, relata Molina, le avisó a la PDI que en Barcelona vivía el sobrino de Salazar Tarriba, hijo de su hermana Yolanda: Morris O'Shea Salazar, quien se encargaría de distribuir la cocaína por Europa.
Inicialmente, dice el periodista, la idea del Cártel de Sinaloa era trasladar seis toneladas de cocaína desde el puerto de Valparaíso hasta Bélgica. Pero antes, detalla, requerían de un centro de acopio inserto en la nada misma, donde el sol hiciera imposible la presencia de cualquier ser humano juicioso.
¿Dónde estaba ese centro?
«Lo que pasa es que nunca existió el centro de acopio, Salazar nunca fue ahí. Los agentes infiltrados le hicieron creer que estaba en Alto Hospicio, le enviaban fotografías e incluso le pasaban cocaína. Hay fotos de Salazar, que son parte de la carpeta de investigación, donde se ve probando la droga. Él hizo que los agentes le fueran a comprar éter, acetona, bicarbonato, cloro y amoniaco para determinar la calidad. Mientras más azul se ponga la cocaína, la pureza es mayor».
Salazar sufrió problemas al corazón, relata Molina, por lo que tuvo que llamar a su hermana Yolanda, quien viajó desde México a Chile en un vuelo comercial. Yolanda, describe, tiene estudios en Ciencias Sociales y habla muy bien; en la cárcel hoy lee libros de budismo y es compañera de habitación de una mujer condenada por instalación de artefactos explosivos.
Extrema confianza
Cuando la cocaína estaba lista para irse por barco a Europa, el agente encubierto le tomó fotos al conteiner para que los hermanos Salazar verificaran que estaba todo correcto y que los 250 primeros kilos de cocaína estaba perfectamente distribuidos.
Molina cuenta que los 250 kilos de droga, que eran falsos, efectivamente llegaron a Bélgica el 8 de marzo del 2021. Pero mientras los narcotraficantes en Europa visitaban el contenedor, notaron que había mucha gente cerca del sitio 1700, donde se encontraba supuestamente el contenedor con la cocaína.
¿Qué pasó, entonces?
«Los Salazar decidieron escapar de Chile porque les avisaron que algo estaba mal. Querían hacerlo por tierra, por un paso ilegal. Pero Roberto los convenció de que huyeran en el primer vuelo, con documentos falsos».
Creyeron todo.
«Nadie sabe cómo gente tan experimentada confió tanto. Cuando estaban por abordar, llegó la policía y los detuvo. No hubo violencia. En la cárcel cuentan que Ricardo estuvo apenado porque se hizo amigo de Roberto».
A comienzos de noviembre, cierra Molina, comenzó el juicio contra los hermanos Salazar en el Tribunal Oral en lo Penal de Iquique, por los delitos de tráfico de drogas y asociación ilícita. «Soy mexicano, de México», dice el imputado cuando le preguntan quién es.
El libro
Publicado en octubre pasado por el sello Aguilar, de Penguin Random House, en el libro «Chile Narco» el periodista Jorge Molina Sanhueza detalla a lo largo de 196 páginas casos emblemáticos -y también desconocidos- de la irrupción del narcotráfico y la instalación del crimen organizado en nuestro país. En Penguinlibros.com (https://goo.su/R3DODU) se lo puede encontrar en su versión en papel y también en formato e-book.


