Junto a Rodrigo Gallina Avilés son padres de Martina, de un año y cuatro meses
Su primogénita asiste a terapias durante la semana. Una de las cosas que más lamenta es dejar de laborar junto a su hermana Claudi
El vuelo que definitivamente le hizo tomar la decisión a Karina León de renunciar a su trabajo como azafata fue uno que tenía como destino Isla de Pascua. El itinerario le significaba salir de su casa a las 6 AM y regresar a las 11 de la noche, siempre y cuando no existiera alguna complicación en el clima y tuviera que quedarse allá, ya que solo existe una frecuencia diaria. Con este panorama, ella siguió sus instintos y decidió renunciar para acompañar lo que más pueda a su hija Martina, de un año y cuatro meses (ver fotos en https://s.lun.com/lun873).
Este cambio de vida fue muy meditado y primero lo conversó con su pareja, Rodrigo «Gallina» Avilés, y luego con su familia. La también creadora de contenido admite que «siempre estuvo en mi mente» la posibilidad de renunciar, «pero a la vez tenía la esperanza de que quizás podía volver porque hasta los dos años (de los hijos) hay una flexibilidad de vuelos en la empresa donde trabajé. Pero cuando llegó el momento, me di cuenta de que no tenía el apoyo para que alguien cuidara a la Marti. Tuve que pensarlo bien, pero mi corazón siempre me dijo que estar bien era quedarme en la casa con mi hija».
En la semana, Martina tiene sesiones con kinesiólogo y terapeuta ocupacional, y desde ahí Karina León ordena sus horarios. «Con el Rorro hablamos todas las posibilidades desde el principio. Mi mamá ha sido mi apoyo en toda la maternidad, pero ella tiene fibromialgia y no puede hacer fuerza. Ella podría estar al cuidado de la Marti, pero con una cuidadora que la apoye. Entonces teníamos que buscar a una persona y eso era un temor para ambos porque la Marti podría retroceder en sus tratamientos de hipersensibilidad (a distintos estímulos). Y cuando llegó el momento, el Rorro me dijo que siempre iba a contar con su apoyo. Y aunque yo trabajo con redes sociales, lo que a uno le preocupa es qué vas a hacer sin un contrato indefinido porque eso es lo que da seguridad».
¿Y qué sentía usted en su corazón sobre esta decisión?
«Siempre, siempre, pensé que iba a pasar esto. Cuando le dije al Rorro que mi decisión era quedarme con la Marti, la sensación que vino a mi cuerpo fue como sacarme una mochila gigante de la espalda. Ahora que es oficial, y que mi jefe, a quien le agradezco toda su empatía porque estaba al tanto de los tratamientos de salud de la Marti, se despidió de mí, lloré todo el día. Es por dejar algo que me gusta y por dejar las aventuras con mi hermana (Claudia, que también es azafata). Ella era mi combustible en la pega y lo que más me duele dejar son nuestras aventuras. Lo que más me gustaba de mi trabajo era conectar con las familias, los niños, con quien sea, y hacer que la experiencia de viajar sea bacán, única. Eso me llenaba el corazón».
¿Qué tiene ganas de hacer más adelante?
«No me voy a quedar de brazos cruzados. En redes, siempre he trabajado con marcas que me gusten y también me encanta el área de la estética. Quiero estudiar algo que tenga relación con la estética facial y ya he visto lugares. Espero tener la libertad de hacer cosas en mi propio horario y seguir con mi idea, que es estar para la Marti».
En lo familiar, Karina también lamenta no poder ver a su hermana como jefa de servicio a bordo, cargo al que la acaban de ascender. «Ella hizo todas mis jornadas laborales más lindas. Otra cosa que me duele es no verla como jefa; ya no alcancé a volar con ella como jefa. Nosotras hicimos todos nuestros vuelos juntas y hasta hicimos coincidir nuestros turnos de descanso. Yo apoyaba mi cabeza sobre su hombro, compartíamos pieza en los hoteles, hacíamos pijamada, nos vestíamos iguales, todo».
«Este cierre también es importante porque mi papá fue piloto y era un check en mi vida volar. Alcancé a acompañarlo todos los años a Tahití cuando aún se podía viajar en la cabina de mando. Y hoy dejar las alas es también cerrar ciclos. No tengo comunicación con él hace 15 años, pero espero que se haya sentido orgulloso», reflexiona Karina.


