Operativo desbarató inédita red de tráfico de armamento por redes sociales
La PDI descubrió una estructura con chats privados y menores de edad involucrados.
Cuando la PDI investigó un caso conocido como «Armero 3D» en 2023, encontró impresoras, piezas y componentes, pero nunca un arma completamente ensamblada. Tres años después, ese antecedente se convirtió en la punta del ovillo de una indagatoria que desbarató la mayor red dedicada a fabricar y vender armas impresas en 3D detectada en Chile.
La llamada «Operación 3D» terminó con allanamientos en 12 regiones, 58 imputados (51 detenidos y siete ya recluidos), 90 armas incautadas -11 de ellas impresas en 3D-, siete impresoras y abundante evidencia. Para los investigadores, lo más relevante fue comprobar que detrás había una estructura distinta a las bandas tradicionales.
«No tenía un mando vertical. Funcionaba como una estructura en red», explica el subprefecto Cristián Sepúlveda, jefe de la Brigada Investigadora del Crimen Organizado (Brico). La PDI identificó al menos siete grupos privados que operaban por WhatsApp y Telegram. Aunque parecían comunidades independientes, compartían integrantes, reglas y un objetivo: lucrar con el tráfico de armas.
Artesanos
Había administradores que controlaban el ingreso; armeros artesanales que modificaban armas o fabricaban modelos hechizos; especialistas dedicados a la impresión 3D; vendedores y facilitadores que prestaban cuentas o identidades para recibir pagos y despachar encomiendas. En chats como «Gatilleros de norte a sur» o «Armas de fogueo Chile» se fijaban precios, se coordinaban ventas y se establecían normas.
Uno de los aspectos que más sorprendió fue la participación de menores: ocho fueron detenidos y tres cumplían un rol clave como armeros digitales. «Aquí era una impresora 3D y un computador», dice Sepúlveda. Los planos circulan en la dark web, pero «no es llegar, descargar un plano e imprimir un arma».
Francisco Torres, perito de la Oficina de Investigación, Desarrollo e Innovación, subraya que se requiere conocimiento técnico, pruebas y piezas metálicas para lograr un arma que realmente dispare. Las que se incautaron eran modelos híbridos: el armazón y partes de polímero se imprimían y luego se ensamblaban con componentes metálicos.
Simples y letales
Eric Pezo, perito armero de la Sección Balística, explica que el cañón debe ser metálico, que son armas de un tiro, en su mayoría calibre .22, y «tan letales como una pistola convencional». En el mercado ilegal, una pistola tradicional puede superar el millón de pesos; estas se vendían entre $70 mil y $220 mil y, al no tener número de serie, ofrecen menor trazabilidad. Pero también son inestables: sin controles de calidad, pueden estallar en manos del tirador.
La investigación estableció que muchas ventas se concretaban mediante empresas de mensajería y otras en entregas presenciales. Para Sepúlveda, el fenómeno obliga a revisar el acceso de menores a este tipo de información y los controles sobre la importación de piezas. El fiscal regional Occidente, Marcos Pastén, advierte que se trata de un fenómeno «absolutamente novedoso» para el país.


