Alberto Ulloa, influencer de viajes, subió tres kilos entre buffets y cócteles en alta mar
Su plan a bordo suma restaurantes a la carta, spa y espectáculos.
¿Hablemos de un buen cierre de noche? Alberto Ulloa ganó 500 dólares en el casino de un crucero. «Pasé post discoteca a probar suerte», cuenta el creador de contenidos de viajes, quien ya completó dos itinerarios: siete noches de Lima a San Antonio con Princess y tres de Miami a Bahamas con Norwegian.
No siempre Ulloa pensó que le podría gustar un viaje así. «Creía que prefería quedarme en un hotel y recorrer un solo destino», reconoce. Pero todo cambió la primera vez que se embarcó. «Lo que más disfruto es despertar cada mañana en un lugar distinto, sin preocuparme de hacer ni deshacer maletas. Mientras tú descansas, el barco sigue navegando; cuando abres la cortina de tu camarote, tienes un nuevo destino esperándote. Los cruceros son un hotel all inclusive que recorre el mundo».
El plan a bordo suma buffets, restaurantes a la carta, piscinas, spa y espectáculos. «Subí en ambos cruceros aproximadamente tres kilos, hay tanta opción de comida y tragos que jamás probé, es un come y come, total estamos de vacaciones», admite. Un detalle del comedor lo descolocó: «Yo no podía creer que la estación de papas fritas, hamburguesas y hot dogs estaba repleta siempre. Teniendo comida india, asiática y mexicana, entre otras opciones, la gran mayoría elegía lo mismo que comen en sus países».
En materia de plata tiene una sola recomendación. «Sí o sí pagar el paquete de bebidas, porque trae propina incluida. Las bebidas y cócteles en cruceros cuestan entre 15 y 20 dólares; imagínate, te tomas cinco y ya estás casi en 100.000 pesos. A veces se hace un poco más caro, pero vale totalmente la pena».
Entre las dos navieras que ha probado nota diferencias claras. «Cuando viajé con Princess sentí que estaba más enfocado en un público adulto; la experiencia fue muy elegante y de lujo, pero no tenía discotecas ni tanta vida nocturna». Norwegian, en cambio, calzó con su estilo: gente joven, muchos bares, casino y hasta una pista de karting.
«Me impresionó, no lo había visto en ningún barco. Imagínate andar a toda velocidad, subir y ver el mar infinito», valora.
¿Qué tipo de personajes encontró en los cruceros?
«Hay de todo un poco: los sibaritas, que se arreglan como para gala de Viña y sólo van a comer; los fiesteros como uno, que comen algo y nos preparamos para la fiesta de bienvenida; y la gente de mayor edad, que se concentra generalmente en el casino. Yo fui en pareja, pero fui testigo de romances bien secretos: una conocida estuvo con un gringo y a la tercera noche nos contó él es mi marido de este crucero, pero ya nos bajamos mañana y si no me acuerdo, no pasó».
¿Alguna vez amaneció arrepentido en plena escala?
«Me pasó llegando a Bahamas: la primera noche, en la fiesta de bienvenida, me quedé hasta que cerraron las barras tomando margaritas con amigos. Desperté a las 7 de la mañana, estábamos llegando a puerto y yo muriendo de caña. Me levanté a las 10 y dije no puedo quedarme acostado, así que con calor extremo me di una ducha y salí a recorrer. Las paradas son hasta las 17 horas generalmente, así que hay que aprovechar de salir a conocer, sobre todo si es tu primera vez».


