La historia de la rusa que tiene una cadena de botillerías: «Cuando abrí no sabía qué era una Bilz»

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Dina Rozvadovskaya fue reconocida como Emprendedora del Año en los Premios Uber Eats

Llegó a Chile hace 16 años y se dio cuenta que las patentes de alcohol eran limitadas y, por lo tanto, no había tanta competencia.

La rusa Dina Rozvadovskaya llegó hace 16 años a Chile sin conocer las comunas de Santiago ni las bebidas que tomaban los chilenos. Hoy administra cuatro Botillerías Moscú, emplea a cerca de 27 personas y acaba de ser elegida Emprendedora del Año en los Premios Uber Eats, reconocimiento que destacó el crecimiento de su negocio y el desarrollo de sus ventas digitales.
Una de sus primeras clientas la descolocó con una petición: «Déme una Bilz». Rozvadovskaya recorrió con la mirada las repisas de la botillería buscando alguna pista. No encontró nada. Terminó preguntando qué era esa Bilz que todos parecían conocer: «Esa bebida roja». Hoy se ríe de esa escena. «Imagínate, no sabía que era una Bilz cuando empecé», dice. Han pasado 13 años desde aquel día y la recuerda como una de las muchas cosas que tuvo que aprender cuando decidió abrir una botillería en un país donde todavía no conocía ni los nombres de las comunas de Santiago.
La historia de esta emprendedora comienza a más de 17.000 kilómetros de Chile en Petropavlovsk-Kamchatsky, en la península de Kamchatka, una de las zonas más orientales de Rusia. A los diez años se trasladó con su familia a Moscú, donde estudió Sociología con especialidad en Marketing en la Universidad Estatal de Moscú. Después, por simple curiosidad, aprendió programación de forma autodidacta, un conocimiento que años más tarde le serviría para desarrollar el sistema con que administra hasta hoy sus botillerías.
A los 25 años decidió salir de Rusia. Voló a Cuba, estudió español en Nicaragua y siguió recorriendo Honduras, Guatemala, Colombia, Ecuador y Perú. Viajaba con pocos recursos, aceptando pequeños trabajos para seguir avanzando. Chile era sólo una escala más del recorrido, pero terminó convirtiéndose en su nuevo hogar. Aquí se casó, luego se separó y decidió quedarse.
«Me gustó la naturaleza, la seguridad y que aquí se podía hacer empresa. Sentí que era un país donde podía construir una vida», recuerda.
Durante meses buscó una oportunidad mientras ofrecía servicios de programación a empresas. Analizó distintos rubros hasta que encontró una característica que le llamó la atención: las patentes de alcohol eran limitadas y eso hacía más difícil que apareciera competencia inmediata.
Compró un GPS y comenzó a recorrer Santiago sola. No conocía las comunas. Seguía los avisos de venta de derechos de llave de botillerías y visitaba un local tras otro. «Había algunos donde llegaba y pensaba: esto parece una película de zombies. No me bajaba del auto», recuerda entre risas. Hasta que apareció uno en Gran Avenida, en San Miguel.
El derecho a llave costaba $13,5 millones. Era prácticamente todos sus ahorros.
Los primeros meses apenas alcanzaban para pagar el arriendo, reponer mercadería y vivir, pero había una regla que nunca rompió: abrir todos los días permitidos por la ley.
«Yo abría siempre. Domingos y festivos. La gente sabía que iba a encontrar abierto. Era 24/7 hasta la madrugada», dice.
El verdadero impulso llegó cuando San Miguel comenzó a llenarse de edificios. Miles de nuevos vecinos aparecieron en el barrio y la clientela creció. El éxito del primer local permitió abrir una segunda Botillería Moscú en Mac-Iver con Huérfanos, luego otra frente a las Torres Tajamar, en Providencia, y más tarde una cuarta en Luis Pasteur, Vitacura. Hoy la empresa emplea a cerca de 27 personas.
El estallido social y, sobre todo, la pandemia marcaron otro punto de inflexión.
Mientras muchas empresas cerraban, Botillerías Moscú reforzó las ventas por aplicaciones. Dina contrató a una persona dedicada exclusivamente al marketing digital, las promociones y la relación con las plataformas. La apuesta funcionó.
Actualmente entre un 20% y un 25% de las ventas proviene del canal online, precisamente uno de los aspectos que valoró Uber Eats al entregarle el reconocimiento como Emprendedora del Año.

Pero el crecimiento no termina ahí. Este año abrió una distribuidora junto a un socio para comprar mayores volúmenes directamente a los proveedores y abastecer sus propios locales y a otros. La idea es mejorar la operación y seguir expandiendo la cadena. «Esperamos llegar también a regiones», dice.

Los jóvenes toman menos alcohol? 

Después de 13 años detrás del mesón, Dina Rozvadovskaya dice que el consumo de alcohol cambió de forma importante. Asegura que los jóvenes beben bastante menos que antes y prefieren productos con menor graduación alcohólica. «Hoy se vende mucha más cerveza y también cócteles listos para tomar», explica.?El pisco sigue siendo uno de los favoritos de los chilenos, especialmente en promociones junto con bebida y hielo, mientras que el whisky mantiene un público estable. En cambio, el vodka y el ron han perdido protagonismo. La inmigración también modificó la oferta. «Los clientes extranjeros buscan marcas de ron distintas y uno tiene que adaptar el stock», cuenta.?Otra tendencia es la fuerte caída del vino en caja, que hoy se compra principalmente para cocinar, mientras que la Coca-Cola de tres litros sigue siendo un éxito de ventas. «Cuando salió le mandé una foto a mi mamá porque nunca había visto una botella tan grande», recuerda entre risas.

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