El trabajo de recuperación lo desarrolla el INIA Quilamapu
Permanecieron casi cuatro décadas en el centro Internacional de Agricultura Tropical(CIAT), de la nación cafetera.
Luego de permanecer casi cuatro décadas en el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), en la ciudad colombiana de Cali, las semillas de 206 variedades de porotos tradicionales chilenas ya permanecen resguardadas en el banco de recursos genéticos vegetales del Instituto de Investigaciones Agropecuaria (INIA) Quilamapu, en Chillán.
Arribaron al país la segunda semana de junio, en bolsas selladas, identificadas con códigos para seguir su trazabilidad. Cada una contiene alrededor de 20 unidades, cantidad suficiente para iniciar su etapa de multiplicación bajo condiciones controladas en las instalaciones de INIA.
La repatriación la hicieron investigadores del banco de recursos genéticos vegetales de INIA Quilamapu, con el apoyo de la subsecretaría de Agricultura de Chile y del Fondo de Distribución de Beneficios de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Gerardo Tapia, curador del banco de germoplasma de INIA Quilamapu, explica que «hoy en nuestro país se consumen ciertas variedades que dan un caldo blanco, como el cimarrón o el tórtola. Por esta razón, las otras han quedado relegadas a zonas más rurales, lo que ha cambiado con la llegada de población extranjera a Chile, lo que culturalmente nos enriquece», dice Tapia, bioquímico de profesión. Se refiere, por ejemplo, a los porotos negros.
La colección actual del INIA, antes de la repatriación desde Colombia, asciende a aproximadamente 1.239 accesiones o variedades de porotos tradicionales. Se conformó a partir de prospecciones ejecutadas por investigadores de INIA a fines del siglo pasado, en más de 200 localidades desde Arica a Chiloé. Tapia agregó que en ese periodo eran cultivadas por pequeños agricultores y que muchas de ellas fueron desapareciendo.
«Ahora hicimos un catastro de las variedades que ya no estaban disponibles en nuestros bancos y gestionamos su repatriación. Son materiales que forman parte de nuestro patrimonio agrícola», precisa.
Estas semillas fueron colectadas en la década de 1960 por la Fundación Rockefeller y otras, probablemente, estuvieron a cargo del INIA La Platina. «Durante ese periodo, se envió material (genético) de porotos chilenos a Norteamérica y copia de este al CIAT de Colombia, que es desde dónde las repatriamos», explica Tapia.
«Existen cerca de 500 variedades chilenas de porotos de distinta antigüedad. Desde el CIAT pudimos rescatar 200, es decir, potencialmente podemos recuperar otras 300 del banco del USDA National Plant Germplasm System, de Estados Unidos», precisa.
Algunas de las variedades de porotos que lograron rescatar fueron la conocida como Ojo de cabra, susceptible al virus del mosaico del poroto; la denominada Negro Nueva Imperial, correspondiente a un poroto verde de semilla blanca alargada; y Chancho Eleodoro, una variedad de grano redondeado, de color café y blanco, con un aspecto semimate. Además, se registraron las variedades azufrados, frutillas, coscorrón, bayos, hallados, burros españoles y Biobío, algunas de las cuales aún se encuentran presentes en ciertos lugares.
«Muchas de ellas nunca han sido evaluadas en contenido de fibra, almidones y otros compuestos bioactivos beneficiosos para la salud. Actualmente, buscamos informantes, fuera del mundo académico, gente de campo que tenga conocimiento antiguo de semillas de porotos y que se puedan contactar con el INIA. Podríamos decir que se cumple el dicho más chilenos que los porotos», sostuvo Tapia, y agregó que este material también podría contribuir al desarrollo de nuevos productos alimenticios con mejores atributos nutricionales.
Andrés Schwember, director de Investigación e Innovación de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales de la UC, destaca que «lo interesante de la repatriación que hizo el INIA, es que permite rescatar variedades que son de la raza Chile. El poroto es originario del centro y sur de América, cuyas localidades tienen razas principales. La raza Chile está dentro del pool genético de las que pertenecen a la región de Sudamérica, única del sur de los Andes, que comprende a Chile y a algunas partes de Argentina. Algunos de sus tipos son el coscorrón, tórtola y tipo burrito, entre otros, que se caracterizan por su comportamiento frente al estrés abiótico, fundamentalmente a la sequía y a las altas temperaturas».
La raza Chile, detalla, se caracteriza por el gran tamaño, diversidad y colores de su semilla.
Legumbres importadas
«En Chile en la década de 1980 se sembraban aproximadamente 200.000 hectáreas de legumbres y hoy no superan las 15.000 hectáreas, por un tema económico, ya que Canadá, Argentina, México y ahora China, producen a gran escala a costos más bajos», señala Schwember.
Miguel Aburto, ingeniero agrónomo y profesor del departamento de Gestión Agraria de la USACH, explica que «el precio de las legumbres extranjeras que llegan al país, a menos de US$1 el kilo, genera que sea muy difícil volver producirlas en Chile. Los que hacen el negocio son los que importan a granel. Hoy falta investigación en variedades que puedan competir con las de otros países, tampoco existe mejoramiento genético. Profesionales del INIA han trabajo en ello, pero con recursos muy escasos».
Schwember explica que el poroto se siembra desde septiembre a diciembre, su cosecha usualmente se programa para fines del verano hasta abril. Requiere de riego, porque de lo contrario, su productividad se ve severamente afectada, a diferencia de la lenteja y el garbanzo.
«En Chile, entre las regiones de OHiggins y del Biobío, hay campesinos que tienen una o dos hectáreas, que persisten en su producción por un tema de tradición familiar. Ellos requieren de mucho apoyo técnico para subsistir, pero a algunos les ha ido bien. Por ejemplo, en Navidad y en Pumanque, en la región de OHiggins, cultivan coscorrón, tórtola, y garbanzos. El tórtola sigue siendo uno de los que más se consumen», dice Schwember.
Además de la posibilidad de que la raza Chile sea una fuente genética de tolerancia al estrés abiótico, es importante investigarla porque ha sido poco caracterizada en sus usos alimentarios y nutricionales, por lo que en la UC harán estos estudios sobre la caracterización de las proteínas, su contenido de fibra, antioxidantes y de otros nutrientes con propiedades funcionales que benefician a la salud.
«Son materiales que forman parte de nuestro patrimonio agrícola» Gerardo Tapia


