El director de cine Brian de Palma solía iniciar sus películas con duchas: las pilosas y burlescas compañeras de «Carrie», el baño de Angie Dickinson en «Vestida para matar», las deslavadas actrices de «Estallido mortal», entre otras.
Janet Leigh, sin embargo, protagonizó la mejor escena de ducha, en «Psicosis», escena que incluso tiene un documental.
La actriz contó que el rodaje del filme de Alfred Hitchcock fue tan traumático, que estuvo años sin meterse a una regadera.
La experiencia de Alexis Sánchez en el Monumental, con los aromas que emergieron desde sus profundidades, quizás no dé para tanto. Pero las duchas albas tienen historias que contar.
Dos décadas atrás, Sebastián Rozental se quejó públicamente de que le habían cortado el agua (de la ducha) cuando todavía tenía champú en la cabeza.
Real Madrid jugó contra Universidad de Chile y Colo Colo en 1993. En el primer duelo, contra la U en el Estadio Nacional, los hinchas azules le dedicaron un cántico de índole sexual a Iván Zamorano usando las últimas letras de su apellido para la rima.
Los merengues entrenaron al día siguiente en el Monumental y, mientras se duchaban, los jugadores españoles, chistosos ellos, cantaron muertos de la risa el discutible homenaje a Bam Bam.
Los albos ganaron 2-0 (la U consiguió un empate) con un gol del actual ministro de Deportes, Jaime Pizarro; Zamorano salió lesionado y hubo un muerto y un montón de heridos que se cayeron de una techumbre a la que se subieron por el exceso de entradas vendidas.
Cinco años más tarde, saliendo de la ducha, José Luis Sierra, hoy en Arabia Saudita, y Mario Salas, en Magallanes, encaraban al periodista Alexis Cares por una crónica en «La Tercera» cuando al Comandante se le cayó la toalla de la cintura.
Arturo Sanhueza ya estaba bajo el agua cuando Luis Núñez, cual toro embravecido, era contenido por Kalule Meléndez y el preparador físico Hernán Torres porque quería comerse a combos al entonces Rey albo luego de la victoria sobre la UC en 2007.
Suena paradójico, pero las duchas del estadio del Cacique también fueron lugares donde fumaban los jugadores. Lo vivió Claudio Borghi como jugador y entrenador.
Kalule Meléndez contó que Marcelo Barticciotto quiso prohibirlo, pero al final aceptó que lo hicieran fuera del camarín, donde no los viera nadie.


