El Teatro del Lago (Frutillar) presentó un nuevo Festival Primavera Patagonia, esta vez con el estreno de la versión en castellano de «Pinocchio» (2008) de la compositora germana Gloria Bruni como una de sus actividades. Pese a surgir de Alemania y haberla representado aquí traducida al español, conservó el título italiano, según el cuento inspirador de Carlo Collodi, ya con siglo y medio de fama.
Vista la producción conviene aclarar que este «Pinocchio», ofrecido como «ópera familiar», no encasilla del todo en ese género. Es teatro musical, dominando lo hablado, con excelente obertura e inserción de partes musicales, sucediéndose arias, dúos y coros de niños, mujeres, hombres y mixtos.
Agréguense pasajes coreográficos muy masivos, delicadas hadas danzantes, un grupo hip-hopero, gimnastas, saltimbanquis y un altísimo personaje con zancos.
Valga citar tanto recurso para dejar claro que el montaje fue a todo dar, espectacular, colorido en lo escénico, muy variado en números y -qué importante en el propósito del alcance familiar- con música amable y pegadiza.
No se perciba en este comentario que al no calificarlo como ópera a cabalidad, se está diciendo que la concepción de «Pinocchio» va por una senda inferior. Nada de eso; la obra debiera tener definido de partida su rango de comedia musical, género nada menor con creaciones cuya calidad supera a muchas óperas mediocres.
En dos actos, con más de dos horas y media de duración, la acción transita por todo tipo de ambientes y emociones, incluyendo algunas escenas que por ser sombrías y muy líricas pudieran dejar escapar la atención infantil, siendo justamente éstas, al término del primer acto, donde se recibe el mayor vuelo musical y un devenir argumental a un punto crítico de suspenso dramático.
El desenlace -qué lástima- llega abrupto, sin ser el resultado de una ruta episódica que sea lógica.
La producción reunió a más de un centenar de intérpretes, incluida una orquesta de cuarenta instrumentistas, portando la gran fortaleza de ser de la región. A ellos se suman muchos más, muchísimos, en la preparación de escenografías, vestuario, iluminación, maquillaje, tramoya, etc.
Si la dirección musical de Helmut Reichel y el trabajo teatral de La Llave Maestra tuvieron resultados notables, el desempeño de los cantantes-actores a cargo de los personajes principales fue sobresaliente, destacando Marcela González (Pinocho), Arturo Jiménez (Gepetto) y María José Uribarri (Grillo).
Este gran «Pinocchio» mentiroso y narigón no debiera quedarse como un muy grato recuerdo. Merece más funciones y escenarios. Santiago debiera recibirlo pronto.


