«La pena es una condición propia de la vida que se resuelve con cariño, no con un tratamiento médico»

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Mario Valdivia, siquiatra y profesor titular de la Facultad de Medicina de la U. de Concepción

Explica que a veces los profesionales no están capacitados para determinar cuándo algo es emoción y no depresión.

Dos ejemplos pone Mario Valdivia, siquiatra, profesor titular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción y vicepresidente de la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y Adolescencia de Chile (SOPNIA):

1. «Una persona que se siente desganada porque ha tenido algún problema en el trabajo o triste porque tuvo un conflicto amoroso, no necesariamente va a tener una depresión o un trastorno ansioso. Lo más probable es que tenga pena y la pena no es una enfermedad. La pena es una condición propia de la vida que se resuelve con cariño, con afecto, con apoyo familiar, con cercanía, y no con un tratamiento médico».

2. «Un niño que está distraído en clases, porque la clase es fome, porque son jornadas larguísimas, porque ha estado con 40 compañeros en una misma sala, sin posibilidad de interactuar con los profesores, y solamente escuchando. Se va a distraer, no porque tenga un déficit atencional, sino porque está en una clase que es aburrida y está desmotivado».

Para Valdivia, es muy importante distinguir entre las enfermedades y «las respuestas propias de la vida», es decir las emociones. «Muchas de las personas que tienen dificultades no es que tengan una enfermedad», explica.

Doctor, ¿por qué las estamos confundiendo?

«No creo que el problema tenga que ver con los manuales de diagnóstico. Diría que efectivamente a veces la capacitación no es lo suficientemente buena como para hacer diagnósticos y los diagnósticos pueden equivocarse. Ese es un factor, pero probablemente un factor mucho más importante tiene que ver con las respuestas que tenemos como sociedad. Si yo tengo depresión, tenemos el plan, el GES de depresión, que nos dice qué hacer, nos dice qué tratamiento dar, nos dice qué pastillas dar, nos dice qué intervenciones hacer. Si yo tengo pena, no hay ningún plan que me diga qué hacer. Entonces, es un error, absolutamente un error, pero pareciera ser más fácil convertir los problemas en patologías para los cuales tengo respuestas preestablecidas. En cambio, si los dejo como problemas, me obligan a cuestionarme como sociedad. Si yo tengo pena, es porque estoy solo. La solución no es que me diagnostiquen depresión. La solución es que tenga espacios de compañía, que tenga tiempo para tener mis amistades, que tenga sistema de transportes que sea eficiente para poder trasladarme y llegar a mis espacios de pertenencia. Que algo no sea patológico no quiere decir que esté bien. No quiere decir que esté bien sentirse preocupado, pero efectivamente no es una enfermedad».

¿Cómo puede el profesional saber que usted tiene pena y no depresión?

«Para eso es importante, uno, que tenga entrenamiento. Tienen que estar constantemente respaldándose, actualizándose. Lo segundo es tener los tiempos para hacer buenas evaluaciones, para no quedarme en lo superficial. Recuerdo siempre un profesor mío que decía si llega a verte a la consulta una persona que está muy ansiosa, muy angustiada, que duerme mal en las noches, tú le preguntas si le paso 20 millones de pesos, ¿se soluciona el problema?. Si duerme mal porque tiene muchas deudas, si no tiene cómo llegar a fin de mes, claro, le pasan 20 millones de pesos y se acaba el problema, porque paga sus deudas. En cambio, una patología no se soluciona con 20 millones. Tengo una enfermedad. Si trato como patología algo que no es una patología, probablemente no voy a ayudar al paciente, pero es más fácil hacer eso que entrar a analizar la raíz del problema».

¿Y si a eso le agregamos medicamentos?

«Si yo le doy medicamentos a alguien que no tiene una patología, primero le estoy sometiendo a riesgos de efectos adversos sin ninguna justificación. Aparte de eso, es más grave que estoy encubriendo, por así decirlo, los problemas reales. Si pretendo tratar la soledad con antidepresivo, claro, va a ayudar a que la persona no se deprima, a lo mejor, y en una de esas previene la depresión, pero no está resolviendo el problema».

Cuando todavía hablamos de emociones, ¿de qué manea las personas que rodean a una persona la pueden ayudar?

«Eso es súper importante, porque posiblemente, si el entorno está atento, si nos atrevemos a hablar de las emociones, de lo que nos pasa, es altamente probable de que se resuelvan antes de que vayan a consulta. Si yo soy un niño que estoy preocupado por algo y sé que puedo conversar con mis papás de estas cosas, y mis papás están dispuestos a escucharme, y están dispuestos a destinarme tiempo, es altamente probable que yo no requiera ir al doctor. Es importante validar las cosas malas que estoy sintiendo y que escondo por miedo a qué van a decir, a que se van a enojar, a que se van a reír de mí».

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