Entre nos, viendo el canto en CHV echo mucho (pero mucho) de menos el baile.
Querido Vasco, tú sabes de televisión y harto. Tienes que hacer algo para mejorar «Fiebre de canto». Quizás sean solo percepciones mías. Te las comparto.
1.- Hay un problema con el manejo del suspenso. No hablo de la maestra Verónica Villarroel, que en su primera votación no esperó la fanfarria y dio a conocer su voto. Creo que esa cortina es lánguida, fofa y eterna comparada con lo ágil y contagiosa que era la de «Fiebre de baile». Diana lo ha dicho. El domingo, «La nueva cortina es larga, pero… mala» y este lunes reconoció que la han aligerado, «pero sigue siendo larga».
2.- Vamos a tener que hacer algo con esta niña Dides. A los Power Peralta les festejábamos sus «gringuismos» y sus metáforas al servicio de la evaluación. Emilia, a falta de los nombres técnicos para expresar lo que quiere decir, cae en recursos que ni siquiera son onomatopeyas. A Camila Andrade le pidió «más apoyo cuando vengan los altos, más ¡mmm!». Y a Daniela Nicolás: «Lo que me gustaría ver es que (y suspiró)». Ah. Y no puede decir «Si yo bailo, terremoto para Chile», como lo hizo en el primer capítulo. Ni en broma.
3.- ¿El gremio de los baladistas es más seriote que el de los bailarines? Tiendo a pensarlo cuando van al backstage, donde ya no está la algarabía de FDB (salvo por el pizpireta de Juan Vera Valdés). Dos veces ese despacho ha empezado con Cata Pulido casi en un primer plano. Es bella, pero en ambas ocasiones ha aparecido con una impresionante cara de lata. Más coordinación ahí, muchachos.
4.- Dejemos de pajaronear. Diana hace menciones a gente que está en el público, pero en pocas oportunidades la cámara ha mostrado a los aludidos: eran el novio de Cami Andrade y Jorge Aldoney. Hubo saludos a la mamá de Cuco Cerda y a la pareja de Matías Oviedo, pero nunca las vimos en pantalla. Hay que prever esas cosas. Como decía un común maestro, las excusas no se televisan.
5.- Me faltan los N.N. En «la pista bendecida» desconocidos como Yiego Pizarro y Antonella Henríquez alcanzaron gran protagonismo y se ganaron el corazón de público y compañeros. Acá no pasa eso. Cual más, cual menos, todos son famosos. Quiero creer que va a entrar gente nueva.
Déjeme de mentiroso, colega, pero «Fiebre de canto» es como «Fiebre de baile» en cámara lenta. Es como haber tenido una pareja a la que le gustaba hacer deporte, viajar y compartir con amigos y ahora tener una a la que le encanta pasar todo el tiempo en casa, leer y acostarse temprano.
Y más encima, cobran por el voto. No hay derecho.


