La dupla de Linares ganó bronce en la contrarreloj de los Parapanamericanos
El ciclismo chileno logró bronce en los Parapanamericanos este domingo en Isla de Maipo gracias a los hermanos Matías (30 años) y Marcelo Mansilla (28), quienes remataron en el tercer lugar de la prueba contrarreloj individual B con un tiempo de 30'57″85 en los 21,6 kilómetros de carrera, tras el oro de Argentina (28'27″53) y la plata de Colombia (28'46″36).
El binomio nacional se preparó en una bicicleta adaptada que construyeron en su casa de Linares y llegó a Santiago 2023 con una prestada por un amigo, el para ciclista Claudio Alfaro.
Matías tiene un 10% de visión y es orientado en la dirección o primer asiento por su hermano Marcelo. «Tengo una maculopatía, el llamado síndrome de Stargardt (patología oftalmológica que provoca el deterioro progresivo de la mácula o zona central de la retina) que me diagnosticaron hace unos ocho años, cuando tenía como 22 o 23 años. Fue todo progresivo. Estamos demasiado felices, es manso logro que conseguimos con mi hermano. De chico que ando en bicicleta, pero mi discapacidad visual fue en aumento y ya se me hacía difícil poder andar solo», cuenta.
A partir de ahí la historia de los hermanos Mansilla (hermanos_mansilla_tandem en Instagram) dio un giro que los llevó al estrellato de su disciplina. La dupla se dio el trabajo de, con sus propias manos y herramientas, fabricar una bicicleta especial e iniciar su historia en el deporte. «Empecé a ver el tema del para ciclismo, me di cuenta que no había bicicletas adaptadas para nosotros y con mi hermano fabricamos una tándem (dos asientos en línea y guiada por un ciclista sin problemas de visión). Fuimos comprando fierros y piezas artesanales. Nos conseguimos máquinas para soldar y así. Empezamos a ir a los selectivos a nivel nacional y llegaron los logros».
«Con Marcelo partimos hace ocho meses, nos fabricamos la bicicleta y empezamos a darle. En su casa agarramos tubos viejos y desarmamos otras bicicletas para armar esta nueva. Ha sido mucho esfuerzo. Nos conseguimos las medidas con un argentino, Willy Quinteros, que tenía una. Busqué tándem de otros países y él me respondió. Nos comunicamos y fabricamos esta, que será nuestra compañera en las pruebas que vienen. Creo que nos demoramos como tres semanas o un mes en hacerla. Mi hermano tenía que trabajar, lo hacíamos en los ratos libres. Para esta competencia del bronce nos prestaron una porque armar y desarmar la nuestra para ruta y pista demora su tiempo», dice Matías.
Los Mansilla ahora se aprestan para los 1.000 metros el jueves y los 4.000 metros el viernes en el velódromo de Peñalolén, donde competirán con la bicicleta que armaron en su casa y volverán a Isla de Maipo el domingo 26 de noviembre para la prueba de fondo, donde la ruta será de 90 kilómetros y lo harán en la bicicleta prestada con que ganaron el bronce. Una bicicleta original para ruta tiene un valor de ocho millones y la de pista entre seis y siete millones. Ellos gastaron 300 mil pesos en hacer la suya. En su Instagram tienen una cuenta RUT para recibir aportes y seguir representando a Chile.
¿Tienen algún nombre la bicicleta que hicieron en la casa?
«La Frankenstein porque está armada de muchas piezas. Se hizo completamente con fierros y elementos de dos o tres bicicletas convencionales desde los manubrios, la barquilla, los motores, las bielas. Así nació la Frankenstein, aunque ahora está encachada. Ya pasó lo feo. Ahora se puso bonita».
Sebastián Morales: «Me voy con el corazón lleno»
Las calles de Isla de Maipo vieron a otro chileno pelear entre los grandes del ciclismo parapanamericano y ese fue Sebastián Morales, que con un tiempo de 35'47″66 llegó octavo en el contrarreloj individual H1-5, movilidad limitada del torso y las piernas. El deportista se llevó una ovación de los asistentes, quienes llegaron a alentarlo con banderas cuando asomó a toda velocidad sobre su handbike. «Fue extraordinario, en Chile prácticamente no tenemos carreras de para ciclismo y mis papas, hermanos y amigos nunca me habían visto correr. Me voy con el corazón lleno. Tal vez no fue un buen resultado, no me sentía bien, tenía un poco de fiebre antes de empezar, pero la emoción de ver toda esta gente fue extraordinaria. Es indescriptible. En la meta y a lo largo del circuito había mucha gente gritando. Daban ganas de pasar cerca y sentir los gritos de ánimo, los ¡ceacheí!», dijo Morales.


