De a poco la pantalla chica empezó a ser invadida por rostros que brillaron en décadas recientes.
Este lunes fue invitada a «Sígueme» Fanny Cuevas, ex «Yingo» y chica reality garantía de conflictos televisivos. La encontré más madura y reposada, no se achicó ante panelistas como Daniela Aránguiz y además el paso de los años le ha sentado fenomenal. Carla Ballero también se ha integrado a ese proyecto y déjenme decirle que lo hace muy bien, mucho menos acartonada de lo que la vimos en «Ciudad gótica» de TVN.
A eso súmele la presencia del veterinario Sebastián «Lindorfo» Jiménez y, por supuesto, de Carla Jara en el «Buenos días a todos». Al despuntar el presente siglo eran números fijos en Mega («Morandé con Compañía» y «La ley de la selva» él y en «Mekano» ella).
Y no para ahí este viaje en el tiempo: en «Podemos Hablar» de Chilevisión Daniel Alcaíno hace de las suyas desempolvando a su personaje Yerko Puchento y actualizando sus rutinas con el invaluable apoyo del anfitrión de ese estelar, Julio César Rodríguez, como bandejero. Desde la dupla de Ruperto y Sergio Lagos en el Festival de Viña del 2006 que no veía una química así entre un comediante y un conductor.
Espere, espere, que esta tendencia sigue. En el flamante franjeado farandulero del 13, «¡Hay que decirlo!» Willy Sabor integra el equipo delante de cámaras y se ha ido soltando cada vez más a medida que pasan los días. A propósito de unas infidencias de Pamela Díaz acerca del consumo de pastillas en «La granja Vip» acabo de escucharle que «ahora los realities están más relajados: ahora les dan la pastilla del día después».
Aprovechemos el vuelito y que vuelvan la doctora Cahuín (Nicole Pérez), «el bichólogo» (Alfredo Ugarte) y «el dandy chileno» (Juan Cristóbal Foxley), entre otros de los viejos tercios. Y el mejor de todos, Felipe Avello, cuyas genialidades se reproducen y disfrutan gracias a TikTok.
A otras figuras señeras de los 2000 no las echamos tanto de menos ya que suelen aparecerse de vez en cuando en algún programa o live en las redes sociales. Hablo de Anita Alvarado, Gabrielle Benni y Emeterio Ureta, por nombrar a tres.
Esta masiva «operación retorno» puede significar dos cosas, que no tienen por qué ser excluyentes. La primera, que el talento, desplante, carisma y ventajas comparativas de los nombrados se mantienen plenamente vigentes. La segunda, que el tiraje de la chimenea (recambio generacional) ha resultado más lento de lo que debiera o bien los valores más jóvenes no ven la televisión como una plataforma natural y prefieren incursionar en otras.


