Fiscal italiano Giovanni Tartaglia visitó Chile para compartir su experiencia
Junto con la persecución patrimonial, Tartaglia dice que hay que diseñar cárceles especiales para aislar a los líderes.
«Aún hay estudiantes que me preguntan por qué mataron al juez Falcone», cuenta Tartaglia. «Mi respuesta es que fue tan eficiente en perseguir a la mafia, los tenía tan estrangulados y acorralados, que a la mafia no le quedó otra salida que enfrentarse militarmente al estado. Fue un acto de desesperación. Y así les fue. Han desaparecido por completo».
Tartaglia es uno de los directores adjuntos del Programa de Acción Contra el Crimen Transnacional Organizado (PAcTO), y por estos días se encuentra en nuestro país invitado por Paz Ciudadana y el Gobierno Regional Metropolitano para participar en un seminario que tratará, por supuesto, de crimen organizado. Más concretamente, del combate del crimen organizado en Chile.
«Algunas manifestaciones del crimen violento son nuevas en Chile y esto solicita una reflexión. Cuando se habla de este tipo de crímenes, estamos hablando de la criminalidad transnacional organizada y la respuesta no puede ser en base a lo nacional, porque sería una respuesta que no va a mirar la causa, sino solo el síntoma. Para combatir de manera eficaz esta amenaza es necesaria la cooperación internacional, el multilateralismo», dice.
¿Cómo se combate eficazmente al crimen organizado?
«El juez Giovanni Falcone es famoso por crear la técnica investigativa llamada follow the money, sigue el dinero. Los jefes de la mafia no van a ensuciar sus manos con actos criminales violentos; ellos ordenan, utilizan ejércitos de violentos. La única manera para que ellos respondan de sus crímenes es reconstruir la adquisición de los bienes. El decomiso patrimonial y las medidas preventivas patrimoniales son una herramienta eficaz para el combate del crimen organizado. El lavado de activos es el talón de Aquiles de la mafia».
¿Qué quiere decir con medidas preventivas patrimoniales?
«Si esperamos una condena penal para incautar bienes, no le ganaremos al crimen organizado. Por eso hemos desarrollado medidas que no necesitan de una condena penal, sino de indicios específicos de desproporción patrimonial de algunas personas que están cerca de la criminalidad organizada. En estos casos solo tenemos que demostrar que el dinero y los bienes son desproporcionados a los ingresos lícitos y que esta persona tiene una relación estrecha con organizaciones criminales. Es un cambio de paradigma. Una persona que se encuentra dentro del círculo de la criminalidad organizada, debe demostrar que sus bienes fueron adquiridos legítimamente, y no el estado el que debe demostrar que esta procedencia es ilícita».
La principal preocupación en Chile es el aumento de los delitos violentos. ¿Cómo se enfrentan estos episodios?
«La criminalidad organizada actúa con su lógica. En algunos momentos es violenta y amenazadora y en otros es empresarial y silenciosa. Otras veces es ambas a la vez. En Chile se está viviendo una criminalidad violenta, pero que no tiene como finalidad la violencia en sí misma, no. La extorsión crea dinero, el secuestro crea dinero, el asalto a un banco crea dinero. El dinero es la finalidad última de los crímenes violentos. Y la idea es responder a los crímenes violentos de manera firme, pero, insisto, para atacar al corazón del crimen organizado se debe perseguir el dinero ilícito».
¿Qué nivel de corrupción ve usted en Chile y cómo se previene?
«No tengo evidencia de que haya peligro de corrupción en Chile. No es el tema más urgente que tienen. El juez Falcone decía que la infiltración de la mafia es como un líquido que penetra en un sólido. Si la sociedad es cohesionada, el líquido no puede penetrar. Si hay debilidades, el crimen organizado ingresará por esos poros. Ahora, cuando tienes violencia en el crimen organizado, significa que no hay una criminalidad infiltrada, no hay corrupción. Porque la criminalidad infiltrada no necesita de violencia, se esconde. Si hay violencia, es porque tienes una proto-mafia. Una mafia brutal que empieza a imponer su potencia sobre el territorio, pero que no tiene la fuerza de imponer su presencia a través de medidas que son silenciosas. A esto se le llama la Pax Mafiosa. Parece una paz, pero no es una paz. Es un orden paralelo de tolerancia, que es muy parecida a la tolerancia cultural de algunos fenómenos criminales y que es muy peligrosa. Chile está lejos de eso, pero no hay que bajar la guardia».
¿Sirve aumentar las penas?
«No es la única respuesta. A las medidas de naturaleza patrimonial que ya le mencioné, hay que agregar prisiones eficientes, donde los cabecillas sean separados de los otros criminales, lo que evita fenómenos de proselitismo en la cárcel».
¿Qué tanto influye esta segregación en la disminución de la criminalidad?
«Es una respuesta que ha funcionado en el mundo. En Italia tenemos el 41 bis del Ordenamiento Penitenciario, que es un circuito penitenciario especial para los jefes de la mafia. Corta la comunicación desde la prisión con el mundo libre, elimina la cabeza de la mafia y así la mafia, junto con las confiscaciones, pierde al jefe, pierde el corazón, y se destruye».
¿Cómo se evita que el crimen organizado conquiste territorios y reclute jóvenes?
«Con una intervención multinivel. Antes que todo, pedagogía social. Hay que llenar de dignidad todas las funciones del estado que combaten ese tipo de criminalidad. Policía, gendarmería, carabineros, fiscalía, jueces, todos actores de una batalla de civilidad que la sociedad civil en su conjunto debe apoyar como una sociedad cohesionada. Esa es la respuesta. El joven tiene ante sí el cartel, el dinero fácil, el poder, los ejemplos malos, y también una cinematografía y literatura mala, que romantiza el crimen. Necesitamos una diseminación de valores positivos.
Hablemos también de los héroes que combaten el delito. No recuerdo cuántas series de criminalidad hay: narcos 1, narcos 2… Es un poquito una desproporción. Los jóvenes necesitan modelos positivos».


