Leonardo Véliz viajó a Europa para visitar al exitoso entrenador albo en Croacia
Coincidieron en Colo Colo y en Sporting de Lisboa.Ahora son amigos y se reunieron en Split. Jozic, de 84 años, vive solo en un departamento, sale a caminar todos los días y se baña en la playa, entre 9 y 10 de la mañana.
«Mirko se mantiene en su peso. Sale a caminar mucho, porque dice que es muy bueno para las personas de su edad.
Ya tiene 84 años, que no demuestra. Su memoria está intacta, porque nos pusimos a recordar tantas cosas, desde que vino a hacerse cargo de las divisiones menores hasta que tomó el primer equipo. Le recordé que esa vez que llegó a tomar el primer equipo los periodistas le preguntaron en el aeropuerto: Mirko, bueno, ¿a qué viene a Chile?. Y él les dijo: A ganar la Copa Libertadores. Y todos se rieron en forma sarcástica. ¡Y cumplió con la promesa!», dice Véliz, quien viajó con su mujer, la artista Roxana Werner.
¿Llegaron directamente a Split?
«De Edimburgo nos fuimos a Dubrovnik, una de las ciudades más apetecidas por conocer. Pero perdimos el vuelo y las maletas estuvieron seis horas dando vueltas en las correas. Felizmente, las encontramos cuando llegamos, horas después. Es una ciudad vieja, amurallada, hace mucho calor y la idea era tomar un barquito para bañarse todo el día.
Ahí salí a explorar y me encontré con una playa nudista. No se podían tomar fotos. Obviamente que entré con mi short, el torso desnudo, y lo que vi fue prácticamente un cuadro típico de Spencer Tunick, el fotógrafo que empelotó a todo el mundo. Salí con los ojos como los de los Simpsons, jajajá, y tranquilamente, porque estaba en un lugar inadecuado, con una vestimenta inadecuada».
¿Nunca se sacó el traje de baño?
«No, no, no, no. Me habrían confudido con el Indio Pícaro, jajajá».
Véliz era entrenador en las divisiones inferiores de Colo Colo cuando llegó Mirko Jozic a comandar la cantera del Cacique, en 1987. Luego del triunfo en la Copa Libertadores 1991 con los albos y de su paso por la Selección, el técnico croata pasó por el Sporting de Lisboa de Portugal, adonde se llevó al Pollo, también para liderar el cuerpo técnico de las fuerzas básicas.
«El motivo del viaje era encontrarme con Mirko Jozic, así que estuvimos cuatro días en Dubrovnik y partimos a Split. Tomamos un café el primer día, conversamos horas y horas. Al otro día nos invitó a cenar a un restaurante muy lindo que se llama El Maestro, así, en español, y yo estaba con el maestro, una leyenda viva, y conversamos de todo, de fútbol chileno, de fútbol mundial, incluso de música. Le sigue gustando la ópera, Verdi es su compositor preferido».
También estuvo en su departamento.
«Él nos invitó y estuvimos viendo sus trofeos de todas partes del mundo con una camiseta de Colo Colo enmarcada en primer plano, la más grande que tiene. Me llamó la atención, dentro de todos sus trofeos, una foto en que sale rodeado de niños de una escuela de fútbol de Colo Colo que hicimos en Las Condes. Se la mandé chiquita y le gustó tanto el sentido de la foto, más que cualquier otro trofeo, por estar rodeado de niños y la sonrisa de esos niños, que la amplió».
¿Vive con su hija Lana?
«Vive solito, Lana vive como a cien metros, en otro departamento. Tiene una vida muy plácida, tranquila. Sale a caminar todas las mañanas por la costa de Split, que es una cosa maravillosa, se baña entre las 9 y las 10, cuando no hay gente, y después se va a su departamento. Está en una época en que quiere tranquilidad, de bajo perfil, no anda buscando homenajes, ni estatuas, pero creo que debería recibir una invitación de Colo Colo en 2025, cuando se cumplan los cien años del club. Nunca se le ha hecho un homenaje como corresponde, para tenerlo a él, su hija Lana, que es ferviente colocolina, y que inviten a su sobrino, a sus nietos Mateo, de 16 años, e Ivanko, de seis u ocho, para que sepan que su abuelo es una leyenda viviente en un país que no conocen».


