Profesión: cirujano plástico

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La patada de Oyarzún a Correa es tan buenaen tiempo real como en cámara lenta. A vecesjugamos al fútbol para un episodio especial del Discovery Channel.

Lo primero que hay que destacar en la maniobra de Diego Oyarzún y Javier Correa es la extraordinaria elasticidad del primero para levantar el pie a la altura de la cabeza de un contrario. Una experticia propia de un campeón mundial de taekwondo que sin duda debe ser parte de la caja de herramientas de todo defensor que se precie de infranqueable. Luego deberíamos tener en cuenta la belleza intrínseca del movimiento. El doble ángulo de 90 grados: entre el fémur y la tibia, entre la tibia y el zapato del ejecutor. Un saludo a la señorita Fresia, mi primera profesora de matemáticas, que tanto se esmeró por enseñar los misterios de la geometría clásica a unos pequeñajos que íbamos todos los días a la escuela para jugar a la pelota en el recreo.

Pocas veces lo aparentemente rústico juega tan a favor de lo estético en el fútbol, aunque siempre supimos de qué se trata. Al menos los que disfrutamos en vivo a los míticos hacheros del siglo pasado. Leonel «Chuflinga» Herrera, mi ídolo de infancia, a la cabeza; pero también Luis «Chiqui» Chavarría, Marco Villaseca, Mario Soto y el bueno,
inolvidable, Nelson Acosta entre otros. De sólo mencionarlos a uno le entra su correspondiente dolor de muelas, aunque la mala leche, esa humana debilidad de los buscadores de atajos, es cuento aparte y debería ser sancionada con tarjeta roja y cárcel en los casos de reincidencia grave. El fútbol y el genuino antifútbol que nace del deseo de superación de los menos dotados en el fondo están cortados con la misma tijera de Dios: se inspiran en el esfuerzo, la magia y el amor a una camiseta sin importar los límites. «Hasta la morir», como decía el irrefutable Mirko Jozic.

La patada de Oyarzún a Correa es tan buena en tiempo real como en cámara lenta. A veces jugamos al fútbol para un episodio especial del Discovery Channel. El defensor de Everton va por lo suyo, el delantero de Colo Colo también. Uno con el pie, el otro con la cabeza. Todo es cancha, pensamos los antiguos. El de los guata amarilla llega primero y se gana el derecho inexcusable a usar el comodín de siempre. «Pelota, profe». Pelota, claro. Pelota y oreja.

Pelota y mandíbula. Pelota y lo que sea, pero pelota. Los jugadores de hoy se cortan el pelo y se afinan la barba antes de cada partido, así que no les hace falta una manito de gato de última hora en cancha: una parte de su trabajo consiste en estar siempre listos para la foto. Como sea, Oyarzún pasa la máquina y le regala un servicio de afinamiento rápido de barba y patilla a su adversario, cortesía de la casa. ¿Alguna queja? Para eso existe el servicio al cliente.

Hay que andarse con cuidado, sí. Esto es cine para espectadores con criterio formado, la película de un intento de cirugía plástica sin anestesia ni previo aviso. Lástima que la foto del patadón para la posteridad no encuentra a Correa con su mejor cara. Al menos estamos hablando de una salvada y no de un remake de «Caracortada». Cuando Diego Oyarzún sale de la cancha, expulsado por el árbitro con apoyo de unos intrusos encerrados en una sala de televisión, me pongo a pensar en Marcelo Bielsa: «Al final todo se equilibra». Perdón y olvido para Oyarzún.

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