Oscar Aguilera se convirtió en el único hablante de esa lengua originaria, ya desaparecida
Hizo todo lo contrario a lo que los manuales recomendaban a un investigador: sacar información, describir la lengua y largarse, destaca el escritor Pedro Cayuqueo. Este lunes falleció a los 75 años.
Este lunes el mundo perdió no solo al único hablante de la lengua kawésqar que no pertenecía a la etnia, sino también a una de las pocas personas que mantenían viva esta lengua en todo el planeta. Óscar Aguilera Faúndez, que falleció a los 75 años, fue un etnolingüista que desde joven se dedicó a registrar y preservar la cultura del pueblo canoero y nómade de la zona austral de Chile y Argentina y se convirtió en un referente por su trabajo genuino.
Viaje iniciático
Un viaje a Puerto Edén fue determinante. Como graduado en Filología Clásica, Germanística y Lingüística de la Universidad de Chile, Óscar Aguilera decidió explorar esa remota localidad en la región de Magallanes en pleno invierno de 1975, con solo 24 años. Allí se propuso registrar la lengua y cultura de la comunidad kawésqar. A pesar de la inexperiencia propia de su juventud, su entusiasmo le permitió integrarse en la comunidad en peligro de extinción. Aprendió la lengua, lo que le dio una perspectiva única, y pronto se dio cuenta de la escasez de hablantes y de las dificultades que enfrentaban los jóvenes para aprender un idioma más complejo que el español. Así, comenzó a grabar conversaciones, crear diccionarios y recopilar narraciones orales para preservar una lengua y cultura únicas.
Políglota
Sobre el viaje que marcó la vida de Aguilera, el escritor Pedro Cayuqueo comenta que el profesor Aguilera fue un pionero en el estudio sistemático de la lengua indígena kawésqar «y siempre contaba que hizo todo lo contrario a lo que los manuales recomendaban a un investigador: sacar información, describir la lengua y largarse. Él llegó a Puerto Edén siendo un joven investigador, se involucró con la comunidad kawésqar y nunca más se alejó de aquel territorio», resalta. «Forjó amistades, también lazos familiares y asumió un compromiso vital con ellos. Ese grado de compromiso es directamente proporcional con la calidad y brillantez de su trabajo como etnolingüista. Lo suyo no fue extractivismo cultural y esa es una enseñanza para las nuevas generaciones de estudiosos de las lenguas indígenas», agrega. El escritor dice que hablamos «de una verdadera eminencia de la etnolingüística latinoamericana, con un extenso currículum académico y obras que son verdaderos clásicos. Pocos saben además que fue el único no indígena que llegó a dominar el kawésqar, además del francés, inglés, holandés y portugués, es decir, todo un políglota».
Lengua aislada
«Era el principal estudioso de esa lengua, de las características de su lengua, de una lengua en extinción del extremo sur del país», comenta Enrique Sologuren, doctor en Lingüística y académico del Instituto de Literatura de la Universidad de los Andes, sobre las características de la lengua kawésqar, llamada como alacalufe por los europeos. «Estudió orden de palabras en kawésqar, porque es una lengua muy particular, podemos decir que es una lengua aislada. No tiene parentescos con otras lenguas, como sí el español, que sabemos que viene del latín y tiene relación con el portugués, el francés o el italiano. El kawésqar es muy singular, muy especial, que actualmente está casi extinto. Estudió el aspecto temporal, es sistema de verbos, el orden de las palabras, los mecanismos gramaticales. Era un referente», resume el lingüista.
Karamanos
Irina Karamanos fue una de las personas que expresó su admiración por Óscar Aguilera. En una entrevista, Aguilera recordó que ella se había ofrecido -antes de la pandemia- a ayudarlo, incluso en tareas tan simples como tipear. Consultada sobre el significado de Aguilera en su vida, la antropóloga de la Universidad de Heidelberg, Alemania, dice en su honor: «Aguilera deja un mundo menos monolingüe del que encontró. Con rigor y valentía, se dedicó a la ingrata tarea de cuestionar la universalidad del lenguaje, intentando la siempre desafiante traducción entre fronteras de cómo se escucha, se ve y se vive en el mundo. Registró para que no se perdiera, y luego compartió y multiplicó lo que es diferente», expresa.


