Pablo Luna se inspiró en cómo los palafitos se construyen sobre el suelo
Su idea es construir sin comprometer el entorno. El proceso fue muy artesanal, no se utilizó maquinaria pesada, cuenta.
«Creo que hay dos factores principales que han influido en eso. Primero, nuestra visión de la arquitectura y la filosofía de trabajar en armonía con la naturaleza han resonado en muchas personas en distintas partes del mundo. Además, hay un creciente interés en construir con materiales naturales como la madera, el bambú y la tierra. Siento que hay un movimiento emergente de construcción natural y orgánica tomando forma, aunque no sé cómo explicarlo bien», señala.Uno de los proyectos estrella de Luna para 2024 es el Retreat Center Bumi Cinta, construido en Tejakula, al norte de Bali. En lo alto de una montaña, creó un centro de yoga con seis bungalows de bambú, además de espacios comunes como un yoga shala, un spa con sauna y piscina natural y un restaurante.
Más allá de lo impresionante de la construcción, destaca que no se derribó ningún árbol para realizarla.
«Es un cliente de Polonia que tiene centros de retiro en diferentes partes del mundo. La construcción comenzó hace dos años y se realizó completamente con madera reciclada. Los techos se hicieron con bambú, además de muchos otros detalles. El proceso fue muy artesanal, no se utilizó maquinaria pesada. Todos los edificios están elevados sobre el terreno, y esto es muy importante porque un concepto clave para nosotros es la conservación», explica Luna, quien desarrolló su carrera de arquitecto sin el apellido de su padre, el ex alcalde de Santiago Pablo Zalaquett.
¿Le tinca hospedarse en Bumi Cinta? En Booking está disponible desde fines de diciembre, con un precio de unos $54.000 por noche (https://acortar.link/GWBgRp).
¿Cómo fue el proceso logístico de la construcción?
«La logística fue muy compleja. Para llegar, se debía transitar por un camino de una sola vía, lo que requería mucha atención por si dos autos se encontraban. La madera se trajo desde otra isla, Java, y subirla por ese camino ya era un desafío. Además, trabajar con madera significó que no siempre podíamos elegir los tamaños exactos, así que tuvimos que adaptarnos constantemente. Fue crucial mantener una comunicación continua con el equipo constructor para asegurarnos de que el diseño se ajustará a los materiales disponibles».
No cortó ningún árbol en este proyecto.
«Eso es algo que procuramos en todos nuestros proyectos. En este proyecto se cortaron algunos arbustos, pero no árboles. Y eso se logró también gracias al cliente y a su equipo. El jefe del proyecto es muy apasionado de la permacultura, que consiste en crear ciclos en los que toda la vegetación se apoya entre sí, ubicándose en sistemas circulares, por llamarlo de alguna manera, donde nada se pierde y todo se regenera».
Me comentaba que los bungalows están elevados sobre la tierra, algo así como un palafito.
«He estado en Chiloé y los palafitos son una referencia muy linda. Pero, básicamente, lo que más me llama la atención son los edificios que se levantan del suelo. Hay que imaginar la tierra como una capa de piel gigante, y cada vez que construyes sobre ella, no la dejas respirar. Es como si te pusieran un parche en el cuerpo y nunca te lo quitaran. Al final, poder levantar el edificio permite que el suelo respire, que el suelo viva. No es algo complejo de hacer. Pero creo que los materiales naturales tienen una especial facilidad para adaptarse a este sistema constructivo».
Como alguien que vive en Chile, me sorprende que no se haya derribado ningún árbol para la construcción.
«Creo que debería ser el estándar. No hay nada más hermoso que un árbol. Son tan vivos, son los que limpian el aire. Aquí en Bali muchos árboles están protegidos porque tienen un significado religioso y espiritual. Creo que es fundamental entender lo que un árbol hace, cómo nos cuida y cómo estamos interconectados. No se trata de salvar el mundo, sino de traer un poco más de conciencia. Si se puede, es un regalo para todos».


