Alemán Uli Schwenk es favorito del Mundial de la especialidad que se disputa en Santiago
Condiciones atmosféricas de la capital son ideales para practicar esta disciplina.
La final del Tercer Campeonato Mundial de Planeadores, «3rd World Sailplane Grand Prix», desde ayer se está realizando en el Club de Planeadores de Vitacura.
Para que se haga una idea, es como si después de varios partidos, las mejores selecciones de fútbol del mundo disputaran la final en Santiago. Guardando las proporciones, claro.
Los mejores pilotos de esta especialidad están en Chile. En total, 15 participantes de ocho países.
«Tenemos la final del mundo y es un logro importante haberla obtenido. Competimos con Francia y Austria para ser la sede, y nosotros ganamos. Es que acá casi con seguridad se puede volar en todas las jornadas, por las condiciones meteorológicas y atmosféricas», comenta Arturo Diez, miembro del comité organizador, que ayer corría de un lado a otro, para mantener todo funcionando a la altura de las circunstancias.
Uli Schwenk es uno de los pilotos más connotados en competencia: vuela desde que tenía cinco años. Hoy tiene 49.
Este alemán está fascinado con Chile y no lo oculta. Con traductor de por medio, se deshace en elogios. «Chile tiene unos paisajes increíbles. Había estado antes en la Patagonia. Lo increíble es que en pocos kilómetros se puede encontrar una geografía muy variada. Es un gran lugar para practicar la planeación. Además la Cordillera de Los Andes libera mucha energía. Disfruto al poder tomar toda esa energía de la naturaleza para poder volar cientos de kilómetros a gran altura», explica.
El torneo también tiene cartas chilenas: René Vidal y Carlos Rocca, quien, después de saludar a todos sus amigos y antes de abordar su planeador, se despide: «Ya, nos vemos en el podio en un rato más, ¿sí?». Se tiene fe.
Muerte de pilotos
«Volamos siempre en situación de peligro»
El año pasado, Mauricio Pérez perdió la vida al estrellar su planeador en el sector precordillerano del Cordón de Los Españoles, 22 kilómetros al norte de Santiago, justo cuando se disputaba una fecha clasificatoria para el Mundial de la especialidad.
«Esto no es como otros deportes. Acá si arriesgas mucho, puedes perder la vida», dice el piloto Carlos Rocca. «Para un piloto de un aeroplano común, volar sin motor significa estar en situación de peligro. Nosotros volamos siempre en situación de peligro», agrega.


