Sandro fue muy reservado en sus relaciones
La declaración de principios de Sandro describe a cabalidad su condición de galán: «Para mí, una mujer es una dama. No importa si se trata de la prostituta de acá a la vuelta o de la Madre Teresa. Por eso jamás hablo de mis mujeres».
Ese misterio y el avasallador magnetismo que ejercía sobre las mujeres con su voz ronca y sus movimientos pélvicos, ayudaron a configurar uno de los mitos amatorios más grandes de un artista, pero él siempre optó por el silencio.
«Esa manera de manejar su vida alimentó el misterio», dijo ayer José Luis Rodríguez al canal América TV, de Argentina.
Sandro fue uno de los primeros símbolos sexuales del continente, desde su aparición como rockero en 1960. Incluso sus movimientos de cadera fueron considerados obscenos por la iglesia y las autoridades televisivas, pero no así por las miles de seguidoras que cosechó, a quienes bautizó como «mis nenas».
Si de amores se trata, el historial que le achacan es gigantesco, pero él siempre lo desmintió. «Soy un tipo fiel: estoy sólo con una mujer a la vez. Es más complejo el desafío de estar con una que tener quince», dijo.
Su primera relación larga fue con Julia Adelina Visciani, una divorciada a quien conoció en 1969 y con quien se casó en 1972. En 1982 se quebró ese amor cuando Sandro tuvo un breve affaire con Tita Rouss, una vedette que se acababa de separar del cómico Alberto Olmedo. Ambas eran mayores que él, una condición que siempre valoró en sus parejas y que reconoció públicamente.
Ese mismo año se unió con María Elena Fresta, quien sería su mujer hasta diciembre de 2004. Al año siguiente la sucedió Olga Garaventa, con quien se casó dos años después y quien lo acompañó hasta que la muerte los separó.
Al margen de eso, se le reconocen relaciones con María Martha Serra Lima, con Susana Giménez y con algunas actrices que actuaron con él en alguna de las 12 películas que protagonizó y que fueron suceso en Argentina y en toda la región.


