Acusan a taxista de drogar a pasajeros en Barrio Italia para clonarles las tarjetas

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PDI afirma que estaba coludido con trabajadores de una estación de servicio

A una de las víctimas le sacó 20 millones de pesos en una sola noche, relata subprefecto.

La mayoría de los denunciantes, todos hombres, cuentan una historia similar. Recuerdan que estaban en un bar en Providencia, muy probablemente en el Barrio Italia, y que se fueron del local solos, bien entrada la madrugada y al parecer con una buena dosis de alcohol en la sangre. Por eso en las denuncias abundan tanto los «probablemente» y los «parece».
Ya en la calle, providencialmente se les acerca un taxi y, sin necesidad de estirar la mano, se detiene. La víctima se sube. El taxista parece simpático y parlanchín. Conversan un rato, entran en confianza, hasta que de pronto el taxista le ofrece algo de beber: una cerveza, un jugo. El pasajero acepta. Entonces todo desaparece.
Algunos recuerdan imágenes borrosas, recorridos en el taxi por lugares desconocidos, todo muy difuso. Los recuerdos más vívidos ocurren al día siguiente, cuando despiertan en un lugar desconocido, revisan la cuenta de su banco y descubren que les sacaron millones de pesos de sus tarjetas bancarias.
Un segundo tipo de denuncias es bien parecido: la víctima sale del bar de madrugada, solo, con trago, se sube al taxi, el taxista le ofrece algo de beber y el pasajero lo rechaza. Pero cuando termina el recorrido, el taxista le dice que debe pagar con tarjeta bancaria. El pasajero pasa su tarjeta de crédito o débito. Al día siguiente también se da cuenta que le sacaron millones.
El tercer tipo de caso es el más tosco de todos. El tipo que sale del bar se sube al taxi, rechaza la bebida y rechaza pagar con tarjeta bancaria. Entonces el taxista, un tipo grandote y ancho de espaldas, lo baja del taxi, lo golpea y le roba todo lo que puede. Como el pasajero está ebrio y solo, no se puede defender.
60 mil km
El subprefecto Rubén Plaza, jefe de la Biro Metropolitana Oriente de la PDI, cuenta que las denuncias comenzaron el año pasado, pero que recién vinieron a dar con el taxista delincuente cuando uno de los denunciantes dijo que le habían sacado dinero desde un cajero automático en Estación Central. Los detectives llegaron al cajero, revisaron las cámaras de seguridad e identificaron la patente del taxi y a su propietario.
Se trataba de un taxi con la patente en toda regla; quien lo conducía era un ciudadano peruano con residencia permanente en el país y licencia para conducir taxis. Pero también descubrieron que el 2018 registraba una denuncia por robo y clonación de tarjetas. La PDI comenzó a investigarlo.
«Este sujeto no trabajaba como taxista; simplemente usaba el taxi para delinquir. El auto que tenía era del 2018 y solo tenía 60 mil kilómetros de recorrido», explica el subprefecto Plaza. «Salía de madrugada a cazar víctimas, en el Barrio Italia, en Las Condes. Hombres solos y que se les notara que habían bebido».
La bebida que el taxista les ofrecía contenía un fuerte barbitúrico y cuando el pasajero se adormecía, el taxista le clonaba las tarjetas. En medio de la soñolencia y falta de voluntad, los pasajeros a veces también le revelaban sus claves bancarias.
«Este falso taxista reventaba las tarjetas de todas las formas posibles: vaciaba la cuenta corriente, pedía préstamos y hacía avances en la tarjeta de crédito. A una de las víctimas le sacó 20 millones de pesos en una sola noche».
Pero los detectives también descubrieron otra cosa. Por los voucher que arrojaban las tarjetas, aparecían compras millonarias en una bomba de bencina ubicada en Quinta Normal.
«El falso taxista estaba coludido con cuatro trabajadores de esta estación de combustible. El taxista llegaba para el cambio de turno, a eso de las seis de la madrugada, para hacer un intercambio entre dinero en efectivo y el dinero de las tarjetas clonadas», explica el subprefecto. «Por ejemplo, los operarios de la bomba le decían que habían recaudado dos millones de pesos en efectivo y lo que hacía el taxista era comprar bencina por dos millones, para que cuadraran las cifras en la recaudación del día. Los bomberos le pasaban el efectivo, a cambio de una comisión, y el taxista se iba con el resto».
La PDI decidió acelerar las detenciones cuando supieron que uno de los bomberos, quien era venezolano, quería salir del país.
Al venezolano lo detuvieron la madrugada del domingo pasado en el aeropuerto; los otros tres empleados de la estación, dos venezolanos y un chileno, fueron detenidos mientras trabajaban. Al falso taxista lo detuvieron en su domicilio. Allí le encontraron POS para pagar con tarjeta, varias cajas de Clonazepan de 2 milígramos y joyas. Uno de los trabajadores de la bomba tenía un Toyota 4 Runner nueva en su casa (que bordea los 50 millones de pesos) y cuatro millones de pesos en efectivo.

Todos ellos fueron formalizados al día siguiente quedando en prisión preventiva.

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