Una pulmonía se llevó al famoso actor a los 65 años
Hosco, exigente y egocéntrico, se ganó fama de difícil. En 2014 tuvo un tumor en la garganta y su carrera se fue a pique, hasta que en 2022 reflotó con Top gun: Maverick.
El muchacho rubio que en el documental «Val» (Prime Video) pone caras y hace humoradas se convertirá en un prometedor aspirante actor, una estrella emergente, un galán talentoso, un paria para directores que lo acusarán de divismo y finalmente un artista de mirada triste, afectado por las complicaciones de un cáncer que le quitará su voz y asfixiará su carrera.
Y aún así, con todo ese camino tortuoso, Val Kilmer tuvo un cierre dorado cuando apareció en «Top gun: Maverick» (2022), recuperando su papel de Iceman que interpretó en la primera parte de la saga 36 años antes. Solemne, sólido y digno, consiguió que su último papel fuera el sello final para una carrera con altibajos, pero inolvidable, con títulos como la desternillante comedia «Top secret!», «The Doors» donde se convirtió en Jim Morrison o un atracador en «Fuego contra fuego» («Heat», 1995).
Desde Los Angeles, voló una lamentable noticia: Kilmer, a sus 65 años, falleció prematuramente producto de una neumonía. Su salud deteriorada no soportó la infección pulmonar.
En el documental «Val», que recoge imágenes caseras desde que Kilmer era un jovencito, se aprecia su personalidad expansiva. Nacido un 31 de diciembre de 1959 e hijo de un agente inmobiliario, se crio en el norte de Los Angeles, en un barrio que tenía por vecino a Roy Rogers y compartió colegio con Kevin Spacey.
Muy pronto en su vida, Kilmer sufrió un golpe durísimo cuando su hermano menor falleció ahogado, en 1977.
El joven Val, puesto a pensar qué sería de su vida, eligió la actuación porque lo consideraba un camino sencillo con horarios flexibles y admiradoras comprensivas. El aspecto lo acompañaba: era delgado, atlético, alto y con una frondosa cabellera rubia. A los 17 años se convirtió en el alumno más joven admitido en la prestigiosa Juilliard School de Nueva York y destacó por su disciplina. Pasó por Broadway antes de debutar en el cine con «Top secret!» (1984), una loquísima comedia en que interpretaba a un rockero norteamericano en la Alemania nazi.
Dos años después fue el rival de Tom Cruise en «Top gun», y en 1988 protagonizó el filme de fantasía «Willow». Sobre esa película recordaba haberlo pasado muy bien y además le permitió conocer a quien sería su esposa y madre de sus dos hijos, Joanne Whalley. En 1995 se convirtió en superhéroe en «Batman forever», un fiasco que Kilmer recordaría por la incomodidad del traje y un rol anémico de carisma.
El director de esa última película, Joel Schumacher, lo incluyó en su lista negra debido a los conflictos que encontró. Diez años después no se había apagado el carácter de Kilmer, al punto que su compañero en «Kiss kiss bang bang», Robert Downey Jr, al principio lo pasaba con mucha dificultad. «Él es crónicamente egocéntrico», dijo en su momento, luego de que pese al mal comienzo, ambos terminaron de amigos.
Hubo una época que a Kilmer no hacía ningún mea culpa y justificaba sus formas debido a la pasión con que abordaba los proyectos. Se jactaba de rechazar proyectos que le hubiesen dado dinero y prestigio. Le dio prioridad a pasar el tiempo en su rancho en Nuevo México, donde recorría a caballo los riachuelos y las cañadas que le fascinaban.
Con el tiempo, perdió la propiedad por un lío con el fisco y se volvió más reflexivo. «Creo que me defraudé en mi carrera actoral. No aproveché esas oportunidades como la mayoría de mis compañeros, donde hay una verdadera constancia. Una vez que alcanzas cierta fama, puedes asegurarla con dinero y relaciones, y yo viví en Nuevo México por 25 años».
El cáncer le cortó el paso cuando Kilmer estaba reencantado con la actuación debido a una obra y una película que realizó, interpretando a Mark Twain, un personaje por el que sentía fascinación. Si bien superó la enfermedad, debió someterse a una traqueotomía que le estropeó para siempre las cuerdas vocales.
«Cuando hablo ahora sueno como Marlon Brando después de un par de botellas de tequila. No es como una rana en la garganta. Es más como un búfalo. Hablar, que antes era mi alegría y mi alma, se ha convertido en una lucha constante. El instrumento que dominaba por completo ahora está fuera de mi control», escribió en sus memorias.
Kilmer se sostuvo gracias a la ayuda de su iglesia, de la Ciencia Cristiana, y a amigos como Cher, su ex polola. El papel en «Top gun: Maverick» le vino de maravilla y lo redondeó con entereza. «Me siento agradecido», comentó después.


