FOTOS DE REFERENCIA (Cargar Manualmente):
FOTO 1
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Autor de la Foto: JAVIER TORRES
Título/Pie de foto: «Lo único malo es que si me pegan en una pechuga, en realidad me pegan en la costilla», bromea Daniela Castro
FOTO 2
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Autor de la Foto: LUIS QUINTEROS
Título/Pie de foto: A Pamela Vera le dicen Cabro Chico.
FOTO 3
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Autor de la Foto: ANDREA MATURANA
Título/Pie de foto: La arquitecta Teresa Contreras usa las mismas poleras hace siete años.
FOTO 4
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Autor de la Foto: MARIOLA GUERRERO
Título/Pie de foto: Sofía Oportot se pone ropa para verse más plana.
FOTO 5
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Autor de la Foto: DAVID ALARCÓN
Título/Pie de foto: Renata Ruiz ahorró en sostenes toda su vida. Compró recién algunos el año antepasado.
La ganadora de «MasterChef» y otras cuatro mujeres de busto XS hablan de los beneficios
No es sólo andar sin sostén ni tener la espalda sana. Es verse más jóvenes, tener mejor sensibilidad y mayor facilidad para detectar quistes. La modelo Renata Ruiz, la cantante Sofía Oportot, la arquitecta Teresa Contreras y la ilustradora Pamela Vera cuentan sus experiencias.
Natalia Bobadilla
«Querer tener más pechugas es sólo para satisfacer un imaginario masculino. Yo creo en la diversidad de la belleza», lanza Sofía Oportot, actriz y cantante de la banda Lulú Jam, y defensora de las mujeres de busto pequeño. Daniela Castro (26), artista visual, diseñadora y ganadora de «MasterChef», la apoya: «Si una quiere tener pechugas, es por lo que el resto piensa. Trabajo en moda y sé que hay técnicas para aparentar tener más, como usar texturas, algunos cortes y estampados, y colores, pero yo no las uso, no me interesa».
En un mundo estético donde mandan las redondeces exuberantes, ellas sacan la voz y enumeran los beneficios de su cuerpo más lineal. Daniela, por ejemplo, dice que la ropa se le ve más bonita, que todo tiene mejor caída en su cuerpo. Ella es talla 32B. «Puedo usar poleras transparentes donde se me ve el sostén y eso se vería muy provocativo si tuviera las medias pechugas», explica. Punto a favor, los mirones tienen que buscar en otro lado.
Coincide la modelo Renata Ruiz (30), quien sabía desde chica que iba a ser plana porque en su familia, todas las mujeres son así.
«Te permite usar toda la ropa que hay. Nada se te ve excesivo al mostrar, a pesar de que puedo andar con un tremendo escote. Es una fisionomía muy cómoda. Hay que tener cuidado con que no se te escape una pechuga nomás, pero para eso yo uso doble faz (cinta con adhesivo por ambos lados que venden en librerías)», plantea.
Renata dice que su talla de sostén es 34A, pero que no ocupa esa prenda.
«Yo creo que empecé a usar sostenes hace dos años a todo reventar. Y unas dos veces a la semana con suerte», asegura la también conductora de «Ciudad RP» de radio Rock&Pop y de «Zona Trendy» de E! Online Latino. Y lo agradece: «Lo hice porque había ropa con la que se traslucía o marcaban mis pechugas. Eso cuando chica no me importaba, era media irreverente y rebelde con el mundo. No te imaginas el agrado que es andar sin sostén».
Daniela Castro, por ejemplo, dice que ella usa esa prenda sólo en verano: «En invierno, con tantas capas de ropa, no es necesario». No usar sostenes no es sólo asunto de comodidad, también es de ahorro.
Teresa Contreras (33), arquitecta de talla 32B, fue a ver a un médico para ver la opción de ponerse implantes porque su mamá la llevó. «Nunca tuve ganas de hacerlo», asegura.
Ella le ha sacado partido a tener poco busto. «Estudié ballet desde los cinco a los 13 años. Me sirvió no tener pechugas porque a las chicas con que sí tenían las echaban», confiesa. Como en el ballet, pasa lo mismo en la mayoría de las disciplinas deportivas, donde el peso del busto afecta. En yoga, por ejemplo, entorpecen algunas posturas.
Por su pega de arquitecta usa muchas camisas. Y esta es otra bondad de las planas. «No se te desabrochan, no te tienes que preocupar de eso. No necesito usar un alfiler para que no se te abra. Cuando era más chica me agarraba con un alfiler por la espalda para que la camisa me quedara más ajustada», recuerda.
Y lejos lo que más valora que su escote no haya crecido con los años es que «como no he cambiado de talla, puedo conservar mi ropa por mucho tiempo. Tengo poleras desde hace más de siete años».
Durante la lactancia, también notó una bondad de no ser tan exuberante: «Me crecieron, pero no mucho y esto es algo que complica a las más pechugonas».
Y el ginecólogo Jorge Gamboa, de la clínica Bicentenario, tiene un punto que aportar aquí: es más fácil detectar anomalías al tacto en las mamas: «Una mama pequeña tiende a ser más fácil de palpar y de encontrar algún tumor que una grande. Hay que considerar eso sí que la mama está compuesta de grasa y de tejido mamario, este último es el que le da la densidad, y una mama más densa es más siempre más compleja de estudiar», explica.
Más placer
Que Pamela Vera (31), diseñadora e ilustradora (www.cabrochico. com), tenga el apodo de «cabro chico» no es algo al azar. «Estaba en tercero medio y yo parecía un niño de octavo básico porque era chica, flaquita y sin pechugas. Por eso me pusieron ese apodo. La verdad es que en ese tiempo y hasta hace súper poco yo no era muy preocupada de mi imagen, ni de maquillarme, y me daba lo mismo tener poca pechuga», asegura. «Me empecé a desarrollar recién como a los 25 años. Ahora tengo un poco de pechugas y mis curvas», cuenta sin problemas.
Pamela, que usa talla 32B, practica pole dance y su anatomía le ha favorecido en esto. «Es un beneficio no tener pechugas porque te estorban un poco al hacer esta disciplina. Te puedes quedar enganchada o te duelen si las aprietan. Igual por el pole dance se me ha desarrollado más músculo en la parte de los pechos y se me han achicado un poco más», dice.
Esta ilustradora llama la atención porque tiene un tremendo tatuaje justo sobre su busto. «No lo hice para taparme ni para que me miraran. Solo fue porque quería un tatuaje. Primero me hice dos flores de loto, una a cada lado, y después quise unirlas. Mi tatuador me hizo un diseño que amé, una rosa con un corazón y alitas, y me lo hizo en tres sesiones. Es el tatuaje que más me gusta», explica.
Un crop top sin espalda y Sofía Oportot (37), actriz, cantante (sofiaoportot. bandcamp.com) e integrante de Lulu Jam, feliz lo lleva sin sostén. De hecho, solo tiene algunos pares en su clóset y ni siquiera tiene clara la talla que usa. Le carga, dice, el bombardeo de siliconas desde la TV. «Encuentro heavy cómo presionan con los estereotipos a las niñas que no tiene un criterio formado. Que a los 17 años anden pidiendo implantes lo encuentro fuerte y todo es por satisfacer un imaginario masculino», reclama.
Tener poco busto, dice, hace verse más joven, al no tener que sufrir con los problemas de la gravedad en sus pechos. «Muchas personas planas, como bailarinas como Pina Bausch, cultivan esa estética, que es atemporal y te hace lucir como una ninfa andrógina, sin etiquetas de sexo ni edad», teoriza.
A la hora de escoger su ropa, le encanta hacer notar que tiene pechos pequeños. «Hasta me gusta exagerar tener poco, por ejemplo, usando un beatle de cuello bien alto con un sostén sin relleno. Con eso te ves más estilizada y me gusta jugar con ese efecto. Siempre he tratado de evadir los mandatos de ser perfecta», cierra.
Y aunque culturalmente son un símbolo de erotismo, los pechos grandes no son garantía de placer sexual. La sexóloga Constanza del Rosario (www.constanzadelrosario. cl) explica que la sensibilidad de los pechos tiene que ver con el tamaño. «Los pechos más grandes (copa C y D) tienden a tener menor sensibilidad porque los nervios sensibles tienden a estar más tensos que en el caso de los pechos más pequeños (copa A y B). Ahora bien, cabe señalar que estos índices biológicos no hay que tomárselos como una ley invariable ya que cada mujer más allá de sus características anatómicas tendrá distintas zonas erógenas (zonas de mayor sensibilidad) de acuerdo a su propia historia psicofísica», argumenta.
Ellas aperraron con las burlas en el colegio
Por más conformes que estén con su cuerpo, casi todas las entrevistadas han fantaseado en algún momento con tener más busto. Daniela Castro, la ganadora de «MasterChef», quedó marcada con las bromas que le hicieron en la adolescencia: «Tenía como 15 años y una compañera se rió de mí y me dijo: Uy, lleva sostenes y es tan plana. Esas cosas te insegurizan y te generan rollos que sólo cuando eres grandes los superas», explica.
A Teresa Contreras también la molestaban en el colegio y en la universidad. «Me hicieron cuestionarme, pero después aprendí a reírme», recuerda. Sofía Oportot cuenta que en el colegio le decían «altiplana» y ella solo se mataba de la risa. No recuerda un momento exacto en el que se haya martirizado por su busto pequeño, pero ha pensado en tener más. «Más que el deseo, es la fantasía de tener un cuerpo totalmente concordante con el canon clásico de belleza sexy y voluptuosa. Independiente de que encuentre atractivo mi cuerpo, siempre está la fantasía de qué pasaría si me operara. En mi caso sólo queda en eso, en una fantasía», asegura.


