Margarita Allende (38) reveló cómo llegó a tocar fondo, rehabilitarse y rearmarse
En 2020 me tomaba una botella de pisco al día. Ahora quería mostrar que tengo una vida, que la adicción no me embarró para siempre, reflexiona la profesional.
«El año 2020, cuando estábamos en pandemia, yo estaba cesante y vivía sola. Mi consumo se descontroló. Me tomaba una botella de pisco al día a partir de las 9 o 10 de la mañana, no comía nada en todo el día prácticamente, tenía un consumo paulatino hasta la noche. Para mantenerme alerta usaba pastillas estimulantes y llegaba a tomarme cinco o seis al día para mantenerme despierta y en la noche seguir tomando», dijo.
Su relató terminó así: «Entré a tratamiento en abril de 2021 y fue ahí cuando me di cuenta que la punta del iceberg, que es lo que uno ve, es el consumo problemático (…) De ahí en adelante he podido mantenerme en abstinencia y he sacado muchos proyectos que antes los hubiera dejado botados hasta la mitad». Su video acumula 1.400.000 visitas.
Las repercusiones de su testimonio significó propuestas de entrevistas, invitaciones a podcasts, charlas y sólo aceptó una a realizar en el centro de adicciones Mundo Terapeútico, donde comienza el próximo jueves 9.
«Quería hacer un video chocante», reconoce Margarita a LUN. «Siempre que se habla de adicciones es con un tono de oscuridad. Yo quería mostrar que cualquier persona podía enfermarse. La gente se imagina que los adictos son personas botadas en la calle, pero es una enfermedad frecuente. Es raro no conocer a uno y es algo que no se habla. Es tan desconocida que se piensa que es sólo algo que se supera con fuerza de voluntad, y eso hasta mi familia lo pensaba. No estaban muy de acuerdo en que lo contara ahora porque siempre está el prejuicio de que el adicto no encuentra trabajo, pero mi mamá me felicitó por hablar del tema».
Se necesita valentía para contar algo así.
«Quería mostrar que ahora tengo una vida, que la adicción no me embarró para siempre. Tengo un trabajo, me casé hace tres años y tengo un hijo de un año y tres meses».
El esposo de Margarita fue uno de los factores para que ella ingresara a rehabilitación. «Toqué fondo cuando quedé inconsciente sola en mi departamento y me asusté. Eso me pasó a las 1 de la mañana, intenté llamar a mi marido, que en ese entonces era mi pololo y sólo esperaba no haberme pegado en la cabeza. Él me dijo que le encantaría casarse conmigo, pero que así (con ella en esa situación) no podía, y eso me motivó a llamar a mi siquiatra quien me habló de un centro donde me rehabilité. Yo desde los 23 años que iba por mi uso abusivo del alcohol, y no tomé por unos años, pero para mí es muy difícil salir de una adicción sin rehabilitación porque es una enfermedad, te hacen muchos exámenes al cerebro, al abdomen, test de coeficiente intelectual. No es sólo fuerza de voluntad».
En sus videos dice que rearmó su vida.
«Soy agrónoma y trabajo en una empresa, pero tuve que buscar nuevas amistades porque las que tenía eran para consumir, y así comencé a explorar nuevos círculos que tuvieran los mismos intereses. Pasé harto tiempo cesante después de mi rehabilitación. Estudié maquillaje profesional, que fue bien bonito, hice un curso de chocolatería y pasé mucho tiempo haciendo tortas».
Hace pocos días fue Año Nuevo, una celebración donde el alcohol suele estar muy presente.
«El Año Nuevo y los 18 de septiembre yo me los carreteaba todos, entonces son fechas terribles porque existe un alto nivel de estímulo con el alcohol así que me dan deseos fuertes de consumo. Así que me fui preparando (mentalmente) para estas fechas. Cuando abrí la caja de Navidad que me dieron en la oficina venían dos botellas de copete, y se las di a un compañero. No me preguntó el por qué y si lo hubiera hecho le digo a la cara que soy alcohólica, porque decirlo es algo que nunca me ha dado tanta vergüenza reconocer. Para este Año Nuevo con mi marido comimos algo, vimos tele y echamos la talla».


