El libro La noche de los centinelas busca explicar qué pasó esa madrugada de 1977
Un periodista indagó en el caso ufológico más famoso de Chile. Y encontró cosas raras, como la participación de Pinochet en el curioso embrollo
Cuando era niño, el periodista Patricio Abusleme leía muchos libros sobre ovnis. Muchos. En uno de ellos se topó con las aventuras de un cabo del Ejército de Chile y sus siete conscriptos, quienes la madrugada del 25 de abril de 1977 cuidaban caballos en las cercanías de Putre cuando quedaron frente a frente con una luz que parecía bajar por un cerro. Se trataba del ultrafamoso caso Valdés.Todos los libros sobre ovnis y esas cosas cuentan básicamente la misma historia. En ella el cabo Armando Valdés se acerca a la luz y desaparece, ante el pasmo de sus subalternos. Al rato regresa con barba, su reloj adelantado en cinco días y hablando incoherencias. Los conscriptos se asustan y llenos de pánico relatan todo(con el sol ya iluminando el día) a un artesano aficionado a los ovnis. La noticia se filtra a un diario y se esparce como una horrenda mancha. Consecuencia lógica de todo ello es que Valdés gana cierta fama, da entrevistas en la televisión y acumula portadas.
Obsesionado con ese relato, Abusleme decidió en 2002 iniciar una investigación que lo llevaría a entrevistar a buena parte de los protagonistas del episodio. Fruto de dicho esfuerzo lanzó hace unos días el libro «La noche de los centinelas» (www.lanochedeloscentinelas.cl ), donde en 291 páginas desvela varios misterios y da a conocer la última versión que tiene el ahora suboficial (r) Armando Valdés para explicar su curiosa experiencia.
«El caso Valdés es probablemente el caso ovni más célebre de Chile y causó gran revuelo periodístico en 1977, pero nunca se había realizado una investigación en profundidad», dice Abusleme. «El 2002 leí una entrevista que dio Valdés y decidí tratar de localizarlo a él y a los siete ex conscriptos que vivieron la experiencia para tratar de averiguar qué diablos ocurrió aquella noche en el altiplano», afirma el escritor. En su investigación, Abusleme se topó con varias sorpresas.
Sorpresa 1: Pinochet
La idea del periodista era intentar desentrañar el misterio de la luz, de la barba y del reloj, así como también algunos otros mitos que se tejieron, como por ejemplo que el Ejército había investigado a Valdés, que el general Augusto Pinochet había intervenido directamente en el asunto y que el mismo Pinochet le había entregado un legajo de documentos al novelista español Juan José Benítez.
«Como algunos pensaban que el Ejército había investigado esto por órdenes directas de Pinochet, quise consultarle al aludido. Le envié una carta en mayo de 2004. Él me respondió dentro del mismo mes, excusándose de recibirme debido a problemas de salud. Dos años después falleció», recuerda el periodista.
-¿Y es verdad que el Ejército le facilitó documentación a Juan José Benítez?
-Sí, y me sentí desilusionado, porque yo solicité esa misma documentación, pero me fue negada. Quizás la habían destruido o tal vez le entregaron la única copia existente a Benítez. En todo caso, gracias al mismo Valdés pude entrar en posesión de una copia del legendario dossier, que es un informe psiquiátrico sobre el entonces cabo elaborado por el Hospital Militar de Santiago, que se entrega por primera vez al público en «La noche de los centinelas».
-¿Qué rol jugó Pinochet en este caso?
-Como Valdés fue trasladado al Hospital Militar, algunos ufólogos creían que Pinochet manejó personalmente el caso desde el comienzo y que Valdés había sido examinado por órdenes directas suyas. Durante mi investigación descubrí que eso era falso. Valdés fue llamado y examinado por órdenes de un joven capitán, que era el jefe del servicio de psiquiatría del Hospital Militar.
Sorpresa dos
En 1977, Valdés decía no recordar mucho de lo que había sucedido. Sus soldados, en cambio, afirmaban que el cabo había caminado hacia la luz y desaparecido durante 15 minutos, para volver con barba y el reloj adelantado. Valdés hoy, en el libro de Abusleme, desmiente eso. Su versión actual es que todo fue una broma que él quiso jugarles a los conscriptos. De hecho, dice que aprovechó la instancia para orinar (ver recuadro) . Antonio Flores también era cabo en 1977 y estuvo en Putre cuando ocurrió el fenómeno. Él discrepa de Valdés.
«Me sorprenden las declaraciones actuales de mi amigo. Nunca se me pasó por la mente que todo fuera una broma. Cuando Valdés llegó ese día a pedirme ayuda, él estaba mal. No recordaba nada, por eso pienso que a través de los años se fue convenciendo de que su actual explicación resuelve de una vez por todas el misterio. Yo puedo decirle que todos estaban como locos y que habían vivido una experiencia que no concuerda con la actual explicación de la broma», dice Flores.
Abusleme piensa que el cambio de versión responde a motivaciones religiosas. «Valdés está muy involucrado en su congregación evangélica y afirma que, como cristiano, se siente en la obligación de contar la verdad. Cuando me confió su versión actual, en la que explica en términos convencionales los elementos más impactantes de la historia (según él, el reloj estaba malo desde antes y la barba no se la había afeitado en varios días), yo la tomé por auténtica. Pero en los relatos de otros testigos sólo encontré declaraciones que refutaban a Valdés. Creo que él está cambiando su versión ahora para adecuar su insólita vivencia de 1977 con sus creencias religiosas», apunta el reportero.
-Al grano, señor Abusleme: ¿Fue Valdés secuestrado por alienígenas?
-Durante la mayor parte de mi investigación fui de la opinión de que el caso no involucraba secuestro alguno. Sin embargo, cuando estaba redactando la versión final del libro me abrí-con renuencia- a esa posibilidad, pues me enteré de que el suboficial Valdés fue sometido a regresiones hipnóticas a fines de los noventa y que en esas sesiones habría relatado una historia que apunta en esa dirección.
-Lo secuestraron, malditos.
-Igual no podemos decir que se trató de alienígenas. Me parece muy precipitado ponerle nombre a algo que no sabemos qué es. Lamento que la sigla ovni se asocie automáticamente a «astronave extraterrestre». El origen de esas luces podría ser terrenal, como alguna aeronave extranjera, prototipo o avión no tripulado, por ejemplo.
-¿Entonces?
-A partir de los datos que logré recabar durante la investigación, mis conclusiones preliminares apuntan a que en la madrugada del lunes 25 de abril de 1977 ocho jóvenes militares chilenos vivieron una experiencia inusual, real y aterradora. Los soldados fueron asediados por unas luces que eran dirigidas por «algo» inteligente.
«El 25 de abril de 1977 ocho jóvenes militares vivieron una experiencia real y aterradora», dice Abusleme.
«Es complejo admitir cuál fue el verdadero misterio»
A fines de 2007, el descreído periodista argentino Alejandro Agostinelli viajó a Chile para entrevistar a Valdés, en el marco de las investigaciones que realizaba para su libro «Invasores». «Yo venía de haber mantenido una larga charla telefónica con él, donde me dijo que tenía algo importante para contarme. Viajé a su encuentro sin pensarlo. Él sabía que no iba a cruzar la cordillera para dejarme marear la perdiz y acabó revelándome esa ‘verdad' que había silenciado durante tantos años», afirma Agostinelli.
-¿Qué verdad?
-Fíjate que no llega a ser una broma, un fraude ni un accidente. Es todo eso junto. Si te pones en su lugar, terminas comprendiendo que es bien complejo admitir que el jodido misterio de su desaparición fue ir a hacer pis. Es algo demasiado idiota para tanto aspaviento. Y Abusleme agarra todo eso de forma brillante.


